Recientemente, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires
aprobó la Ley sobre el Sistema de Transporte Público
de Bicicleta (Proyecto del Diputado Pablo Failde, aprobado el
6 de diciembre de 2007, Ley 2586, Boletín Oficial Nº
2848) concretando así un importante impulso al uso de
la bicicleta como modo de transporte que, con diversas iniciativas,
se demanda desde la importante “Marcha de la Bici”
realizada el tercer domingo de mayo de 1995. Sin duda, se trata
de volver a dar un lugar seguro en el tránsito a los
ciclistas, hoy expuestos a un medio dominado por los automóviles,
el ruido, la contaminación atmosférica, la congestión
y la falta de controles adecuados.
Dicha Ley crea un Sistema de Transporte Público de Bicicleta
(TPB) como “un sistema de transporte urbano compuesto
por estaciones de distribución-estacionamiento de unidades
de bicicletas ubicadas en lugares estratégicos de la
ciudad, dispuestas para su alquiler”. Se establecen criterios
generales como: imponer este sistema como transporte público
alternativo; mejorar el sistema integral de transporte urbano;
incentivar una movilidad sustentable; garantizar el derecho
a la movilidad, la integridad física y a la seguridad
de las personas; promocionar un espacio público de calidad;
emprender acciones conjuntas con organismos públicos,
del sector privado y/u organizaciones no gubernamentales; fomentar
y apoyar la iniciativa privada que contribuya a la promoción
y explotación del sistema de TPB y a la excelencia de
los servicios. Se propone también que el sistema de TPB
constituya un servicio accesible a todos aquellos que se registren
como usuarios y que cumplan con los requisitos y las obligaciones
para hacer uso del mismo. Toda persona física –a
partir de los 16 años- podrá acceder al sistema
tras la adquisición del carnet de usuario, incluso, otros
ciclistas podrán utilizar los lugares de estacionamiento
del sistema abonando el arancel que se establezca.
Los componentes del Sistema de TPB son: estaciones de distribución-estacionamiento;
unidades de bicicletas; centros de información/atención;
y señalización adecuada y distintiva. Asimismo,
se precisa que para implementar el sistema de TPB “se
debe garantizar una infraestructura mínima, adecuada
y segura para el buen funcionamiento de este transporte”,
una red de carriles para bicicletas que interrelacione las principales
áreas conflictivas y de origen-destino del tránsito
existente y potencial de bicicletas, conformada por carriles
exclusivos o ciclovías, bicisendas, calles o carriles
preferenciales.
En gran medida, la Ley atiende las experiencias internacionales,
en particular las de Bicing Barcelona, al establecer la necesidad
de tener organizada una red para circular por la ciudad, así
como un Programa de Concientización, Capacitación
y Educación Vial, dirigidos especialmente a automovilistas,
conductores de transporte público, motociclistas, ciclistas
y peatones para el uso responsable de la bicicleta. Dispone,
finalmente, que el Poder Ejecutivo prestará preferentemente
el servicio mediante la concesión del sistema de TPB
por licitación o a través de iniciativas privadas
provenientes de particulares y empresas.
Red Mundial de Bicicletas Públicas
El sistema de bicicletas públicas esta adquiriendo
la dimensión de un movimiento mundial. Así lo
confirman las primeras Jornadas de la Bicicleta Pública
que tuvieron lugar en Barcelona, el 29 y 30 de noviembre pasado.
En ese marco, el Ayuntamiento de Barcelona impulsó un
“protocolo de intenciones” para la creación
de una red de ciudades con este servicio para compartir conocimientos,
estrategias y fomentar su consolidación. A su vez, se
propuso analizar la posibilidad de utilizar una misma tarjeta
en la red pública de bicicletas de todas las ciudades
firmantes: Lyon, París, Barcelona, Madrid, Nueva York,
Londres, Washington, Estocolmo, Tel Aviv, Sevilla y Milán.
La fórmula del éxito
Inventada en la ciudad francesa de Lyon, esta fórmula
es sencilla: lugares de estacionamiento y recolección
automatizada y repartida en puntos estratégicos de la
ciudad; el préstamo es gratuito o simbólico; y
el tiempo de uso de la bicicleta, limitado. Con este sistema
se consigue que los vecinos incorporen el uso de la bicicleta
a su rutina diaria y que la rotación de los vehículos
sea constante. En Barcelona, cada bicicleta realiza un promedio
de entre 12 y 15 trayectos diarios y el uso que se hace del
Bicing es muy superior entre semana: en la mayoría de
los casos se utiliza para ir a trabajar. Esto demuestra que
los 90.000 barceloneses que ya son socios del Bicing han asumido
este sistema como una nueva forma de transporte público.
En suma, la implementación de un sistema de bicicletas
públicas requiere integrarse en una política de
promoción de la bicicleta y de mejoramiento de las condiciones
generales para su uso: infraestructura para las bicicletas y
pacificación del tránsito; comunicación
y campaña de promoción de la bicicleta y la convivencia
en el tránsito; formación, educación vial
y cursos de aprendizaje y circulación en bici; legislación,
revisión y/o redacción de normativas locales;
penalización de los vehículos contaminantes, peajes
y estacionamientos; e integración con el transporte público.
Frente a la apocalíptica visión futurista de
las grandes ciudades grises, irrespirables, siempre colapsadas
y ruidosas, la bici compartible permite soñar con una
ciudad saludable, que optimiza los recursos y se desplaza de
forma limpia y silenciosa. Como señala el urbanista catalán
Vicente Guallart, la bici pública forma parte de una
nueva forma de entender el mundo donde a la gente le interesa
el uso de las cosas, más que su propiedad.