21/05/2008
Logran detener la demolición del
ex bodegón "El Navegante"
El último bodegón del bajo había cerrado
sus puertas en febrero de este año y con él se iba
un pedazo de historia de la gran urbe. El viejo edificio que lo
albergó data de 1898 y está protegido por la
ley 2548, aprobada por la Legislatura porteña el año
pasado.
Sin embargo, el viernes último habían comenzado
a demolerlo, una práctica demasido frecuente en la Ciudad
de Buenos Aires, en estos tiempos de auge de los negocios inmobiliarios
cuya voracidad parece haber instalado la modalidad de hecho
consumado.
"Se presentó un pedido de permiso ante la DGROC,
pero nosotros verificamos que la autorización de demolición
hasta el momento no había sido concedida", detalló
la subsecretaria de Patrimonio Cultural porteña, Josefina
Delgado, que impulsó un procedimiento administrativo
de emergencia para frenar la obra. Finalmente, ésta fue
clausurada por inspectores de la Dirección General de
Fiscalización y Control (DGFOC). (Clarín 21/05/08).
En este caso, los responsables del GCBA tuvieron mejores reflejos
que en la demoliciòn clandestina de la Casa Benoit en
pleno Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires (ver
Demolición
ilegal de la Casa Benoit) o bien aprovecharon la experiencia
del caso, un ejemplo de la total impunidad con la que actúan
algunas empresas al amparo de una legislación declamativa
carente de penalidades severas. El GCBA prometió aplicar
sanciones contundentes en esta demolición ya irreparable.
La oficina de Prensa del Ministerio de Desarrollo Urbano informó
a La Urdimbre que la empresa responsable tiene hasta hoy a las
19 para presentar su descargo. Las penalidades pueden llegar
hasta 15 años de suspensión de la matrícula
profesional.
El Navegante soltó amarras
Aunque el tradicional restaurante ya había cerrado
y no era lo que supo ser en otros tiempos es imperativo que
se conserve el edificio o su fachada y no se lo pretenda reemplazar
con una construcción anodida y sin valor estético-arquitectónico,
es decir que se haga respetar la legislación vigente
cuya finalidad es preservar el perfil histórico de la
Ciudad de Buenos Aires.
Un experto en temas gastronómicos rememora otras épocas
mejores del viejo bodegón que ya hacía mucho había
visto cambiar las características de sus parroquianos.
“En lugares, digamos, como El Navegante (de la calle
Viamonte casi Bouchard) uno podía ver comer, cualquier
día al mediodía, a periodistas de La Nación
(o de Perfil, como el recordado Alejandro Sáez Germain,
una de las plumas más cultas y sutiles de su época)
disfrutando de una fantástica merluza a la gallega y
hablando de fútbol –de mesa a mesa– con obreros
del puerto cercano, o con ejecutivos de los bancos de la zona,
o con los porteros del edificio de enfrente… Ese melting
pot tan típico de muchos restaurantes argentinos
prácticamente desapareció como consecuencia de
la destrucción del tejido social de inclusión
que comenzó en esos años. Hoy ningún obrero
portuario puede ir a comer a la avenida Moreau de Justo ni ningún
ejecutivo cambiaría el confit de pato de Puerto Madero
por el arroz con pollo de la calle Viamonte, como hacían
antes. Entre el quiebre de la vieja cocina argentina y el surgimiento
de nuevas maneras de comer en lo público se produjo un
vacío muy grande, una brecha que se agranda cada vez
más.. Abel González, Crónicas
del comer y del beber”