05/03/2010
Las inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires
son provocadas
Por Arq Osvaldo Guerrica Echevarría
Buenos Aires se inunda ante cada lluvia copiosa. La ciudad
colapsa y miles de vehículos quedan imposibilitados de
seguir su camino, cientos quedan flotando, las cámaras
transformadoras de corriente eléctrica quedan anuladas,
miles de vecinos quedan sin electricidad, hay calles que se
convierten en ríos. La ciudad se paraliza.
Los funcionarios dicen que eso se debe a las maldades de la
madre naturaleza, a que los vecinos sacan la basura fuera de
hora o que los adversarios políticos se dedican a tapar
lo sumideros para provocar el caos. Por su parte, algunos de
esos adversarios políticos aventuran que el oficialismo
no ha hecho todas las inversiones necesarias en infraestructura
y que no se ha cumplido con las megaobras proyectadas para acabar
con "el flagelo de las inundaciones".
La realidad es que los vecinos y circunstanciales ocupantes
de la ciudad somos convidados de piedra ante un escenario preparado
para que se produzcan esas inundaciones. Los funcionarios y
"los emprendedores" inmobiliarios lo vienen preparando
desde hace muchos años; los vecinos, desde entonces,
estamos tratando de pararlos.
¿Qué ha sucedido en Bs As en los últimos
50 / 60 años para qué cada vez sean más
graves las consecuencias provocadas por una lluvia copiosa?
Sucedió lo siguiente:
a) se prolongó, hasta en casi 1.000 m de su lugar original
(caso Arroyo Maldonado), la desembocadura de los cinco arroyos
que desaguan sobre el Estuario del Plata. Los arroyos de llanura,
como los que atraviesan la Ciudad de Bs As, y que entubados
han sido convertidos en pluvioductos, tienen muy poca pendiente
y por lo tanto poca velocidad de escurrimiento. Si alegremente
se prolonga su desembocadura con rellenos sobre la costa, el
escurrimiento de las aguas se retarda sensiblemente (a mayor
alejamiento de la costa original, mayor tiempo de desagote de
los conductos). La costa de la Ciudad ha sido rellenada históricamente
en una superficie que casi llega a los 40 Km cuadrados, con
la consecuente prolongación de la desembocadura de los
arroyos que comentábamos anteriormente. Este tipo de
tareas continúa en la actualidad para ejecutar las obras
de ampliación del Aeroparque Jorge Newbery, ejecutadas
de facto y fuera de normativa.
La red cloacal está colapsada desde hace más de
veinte (20) años y no existen plantas de tratamiento
de efluentes; los conductos de desagote pluvial que conducen
hacia los arroyos entubados, quienes finalmente desaguan en
el estuario, transportan también basura, líquidos
cloacales y efluentes industriales no tratados, ocupando una
parte significativa de su sección útil. Esto hace
que no sólo se reduzca la posibilidad de evacuación
rápida de las aguas de lluvia, sino que estos líquidos
altamente contaminantes, descarguen "en crudo" en
nuestro ya poluído estuario.
b) durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes
públicos en más de 50 hectáreas. Esto,
además de ser un perjuicio directo a la población
porque se le eliminó la posibilidad de su disfrute, se
constituyó en una sensible pérdida de superficie
absorbente. Al mismo tiempo, “la puesta en valor”
de más de cincuenta (50) plazas porteñas entre
2005 y 2007, resultó en una disminución de aproximadamente
un 30% de su superficie absorbente debido a la construcción
de caminos y veredones de solado rígido que reemplazaron
a los antiguos senderos de granza (dislate que también
contribuyó a aumentar la temperatura ambiente).
En el transcurso de los años 2008 y 2009 la actual administración
siguió impermeabilizando terrenos absorbentes (plazas
públicas) en zona inundable, como son los espacios verdes
situados a lo largo de Av Sarmiento, desde Plaza Italia hasta
Av del Libertador.
c) La ley Nº 469 -aprobada en el año 2000- estableció
la construcción de trece (13) playas de estacionamiento
subterráneas en diferentes plazas de la ciudad.
Las leyes Nº 3.057 y Nº 3.058 -aprobadas en 2009-
establecieron la libre construcción según proyecto
del contratista, de playas de estacionamiento subterráneas
casi en cualquier lugar de la ciudad: cuarenta y dos (42) ubicaciones,
entre ellas, otras quince (15) plazas.
Esto hace un total de veintiocho (28) plazas a impermeabilizar.
La mayoría están en la zona norte de la ciudad,
la más atestada, la que más se inunda.
Las dos últimas inundaciones de la Ciudad de Buenos Aires
(15 y 19 de febrero de 2010) han puesto en evidencia la gravedad
de la situación creada a través de los años
por -entre otras causas- esta sistemática eliminación
de superficies absorbentes que contribuían anteriormente
a contener las lluvias caídas.
d) el auge de la construcción en propiedad horizontal,
ya sea entre medianeras o en edificios de perímetro libre
(torres), también eliminó la existencia de terrenos
privados absorbentes; se impermeabilizó la mayor parte
de la entonces superficie absorbente sobre predios privados
con nuevas construcciones. Los códigos indicaban la existencia
de un "pulmón de manzana absorbente"; esta
obligación dejó de existir en las zonas más
densamente pobladas y desde hace más de veinte (20) años
se permite construir sobre planta baja en cada parcela, perdiendo
así el pulmón de manzana, su condición
permeable.
e) se construyeron edificios en altura indiscriminadamente en
casi toda la ciudad, pero principalmente en las zonas cercanas
a la costa (Puerto Madero, microcentro, Retiro, Recoleta, Palermo,
Belgrano, Núñez). Las fundaciones de los edificios
en altura implican excavaciones de entre 30 y 40 m de profundidad
que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es
a través de estas napas, que los terrenos aún
absorbentes acumulan el agua y la envían al estuario.
La red de bases de hormigón construidas constituyen -subterráneamente-
un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia,
retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento.
f) por obra de sucesivas repavimentaciones, el nivel de las
calzadas ha sido elevado ostensiblemente. Las calles de la ciudad
estaban empedradas en un nivel por lo menos 20 cm por debajo
de la vereda. Las sucesivas pavimentaciones y repavimentaciones
sobre el adoquinado original ha invertido esa relación;
las calles (salvo las cunetas de hormigón) han quedado
más altas que las veredas, facilitando así la
inundación inmediata de estas. Esta situación
está siendo profundizada aún más en el
barrio de Palermo Viejo (donde las inundaciones superan el metro
de agua) al estrechar y elevar las bocacalles de muchas esquinas.
g) existen barreras físicas, que separan zonas inundables
de terrenos absorbentes. Los largos y continuos paredones que
rodean los antiguos predios ferroviarios siguen existiendo,
a pesar de que su eliminación haría desaparecer
una barrera física entre el agua de las zonas inundadas
y un gran sector de superficie absorbente.
h) se permitió desarrollar construcciones clandestinas
en uno de los más importantes lugares de absorción
de aguas: el Hipódromo Argentino de Palermo. Con motivo
de la construcción de más edificios para alojar
máquinas tragamonedas, se hizo una ampliación
no permitida de 10.000 m2 cubiertos con su correspondiente cochera
subterránea. Además, se impermeabilizó
un importante sector del centro de la pista con otra playa de
estacionamiento asfaltada.
Todo esto es sabido y reconocido por profesionales y técnicos
de diversa extracción, pero dirigentes políticos
y funcionarios aliados a los “inversores” de siempre,
siguen proponiendo megaobras de transporte, almacenamiento y
evacuación de aguas de lluvia (como el peligroso proyecto
de los túneles aliviadores del Maldonado) que significan
gastos extraordinarios -aún con endeudamiento externo-
pero sin contemplar la posibilidad de parar de construir, parar
de impermeabilizar y proceder a ejecutar proyectos vecinales
como son los de generar nuevas tierras absorbentes en los predios
del dominio público del Estado Nacional dentro de la
ciudad (ferroviarios, militares, ex Mercado de Hacienda, etc.,
que suman más de 300 hectáreas), construir un
lago regulador sobre la ex playa ferroviaria de Palermo y declarar
la emergencia urbano ambiental
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