“Macri se juega mucho con la obra
de la Ciudad, está bien evaluada pero es necesario
que haga más cosas relacionadas con los sectores populares.
Le va a ir bien con eso” Durán Barba,
asesor de marketing político de Mauricio Macri en declaraciones
a Radio Mitre, evaluando las perspectivas presidenciales del
Jefe de Gobierno.
Si la temperatura baja drásticamente un batallón
de asistencia a la gente “en situación de calle”
repartirá viandas, ropa de abrigo y les permitirán
quedarse también durante el día en los paradores
habilitados para pernoctar.
Allá lejos quedaron las declaraciones de Mauricio acerca
de los cartoneros (“delincuentes que roban la basura”,
un capital —cabe recordar— patrimonio de Manliba,
la empresa familiar del grupo). No era para menos el contrato
de la Ciudad con Manliba le permitía cobrar por peso
de los residuos y no por área limpia como es ahora.
También es cosa del pasado la campaña cuyo eslogan
“el espacio público no se negocia”
habilitó a patotas de la disuelta UCEP a sacar a patadas
y trompadas y quitarles colchones, mantas y enseres a familias
en la intemperie en calles, plazas y parques. Eso no estaba
bien visto por la sociedad. El porteño medio parece querer
que le saquen de la vista al pobrerío de los lugares
por donde él o ella transitan, pero prefiere los buenos
modales.
Ni que hablar de los desalojos compulsivos que el Jefe de Gabinete
de la Ciudad se vanogloria de estar haciendo silenciosamente,
sin ruido, y cuyo resultado es el aumento de gente viviendo
en la calle, pero que ahora recibirá ropa y comida si
hace mucho frío.
Sabios consejos, entonces, los de Durán Barba a Mauricio
para que “haga más cosas relacionadas con
los sectores populares”. Por ello, en los próximos
meses veremos esta fascinante transformación de crisálida
en mariposa de M.M., convirtiéndose de hombre de negocios
de derecha en líder populista de los porteños,
sin distinción de clase pero con fuerte énfasis
en los más necesitados, aunque siempre con el rabo del
ojo puesto en las clases sociales que le dieron el triunfo,
un capital electoral que no hay que descuidar. “Hemos
hecho inversiones en paradores e incorporado equipamiento tecnológico
y recursos humanos que nos van a permitir llegar y aumentar
la capacidad de dar respuesta a la gente que está
sufriendo”, puntualizó el nuevo Macri.
Termómetro en mano listos para actuar
Cual bomberos prestos para atacar el fuego, los equipos de
emergencia social transitoria estarán listos para salir
a la calle de inmediato tras un aviso. Pero, a diferencia de
los bomberos, nadie tendrá que llamarlos. La señal,
en estos casos, será el descenso de las marcas térmicas.
Estas son las pautas para actuar:
“La prevención se pondrá en
marcha toda vez que los partes meteorológicos indiquen
sensación térmica igual o inferior a 8 grados,
de 21 a 6, pero en caso de que se registre una ola de frío
polar, el plan se implementará durante todo el día”.
Es de suponer que 9 grados de mínima desactiva el plan
de emergencia, los pobres se quedarán sin vianda y por
la mañana quienes durmieran en los paradores tendrían
que dejarlos. ¿Qué pasará con 10 grados,
viento y lluvia inclemente?. Lógicamente se podrán
hacer especulaciones varias y cálculos cruzados.
Aquí cabe recordar los límites del asistencialismo.
No es cuestión de canilla libre, vendrían del
conurbano y quizá hasta de los países limítrofes
a usufructuar esa nueva etapa populista de Macri. ¿De
dónde saldrían los fondos para atenderlos a todos?
Desde luego del contribuyente, el comerciante o monotributista
que paga ingresos brutos, del vecino dueño de una propiedad
que obla ABL, del automovilista radicado en Capital con el impuesto
a la patente y así de seguido. Por lo tanto no seamos
fáciles en la crítica del estrenado populismo
macrista, el hombre tiene que gobernar para todos los sectores
y cuidar a sus parroquianos por igual.