Pertenecer a una elite tiene sus privilegios: contactos, relaciones,
círculo de amistades. El acceso a estos nichos excluyentes
permite la inserción de sus integrantes a los ámbitos
de poder político y económico.
Al parecer ya no es suficiente la sola educación para
asegurar el ascenso social como pasaba a mediados del siglo
pasado. No es por nada que las clases altas mandan sus hijos
a colegios privados no sólo para brindarles educación
de excelencia sino para que tengan amistades influyentes.
Los colegios de prestigio brindan una red de pertenencia que
comparten valores y vínculos sociales para el futuro.
El colegio privado Cardenal Newman, de la zona norte, es uno
de los tantos que cumple con estas expectativas. Su religiosidad
y exclusividad lo transforma en la institución elegida
de las clases altas. Por sus aulas pasaron los hijos de las
familias más ricas de Buenos Aires: los Ayerza, Achával,
Chevallier Boutell y García Hamilton. El nombre de Cardenal
Newman está ligado al rugby.
Uno de los egresados más famosos es el jefe de gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. Cuando tuvo que
elegir cuadros técnicos para ocupar el Directorio de
SBASE (Subterráneos de Buenos Aires S.E.) no dudó
en recurrir a su círculo de amistades del colegio. El
escritor Juan Forn los definió con sarcasmo: “el
Newman Boy es el equivalente masculino de lo que representan
las modelos en el género femenino”.
El Directorio de la empresa que gestiona los subtes y maneja
un presupuesto de más de $1000 millones está conformado
por un presidente, un vicepresidente y cuatro directores. Por
eso Macri nombró a tres Newman Boys para que ocupen los
puestos más altos: Piccardo, Gowland y Young, el denominador
común fue el nulo conocimiento en construcción
de subterráneos.
En la presidencia designó a su compañero de promoción,
Juan Pablo Piccardo, quién sobresalió en el rugby
pero fue aplazado por la cervecera Isenbeck que lo echó
por presunta estafa. La justicia lo investiga por la causa de
la UCEP y por el árbol seco que cayó sobre una
niña y le rompió la cabeza.
Al Dr. Alberto Gowland le tocó ocupar la vicepresidencia.
Pasó por las filas del partido Recrear de López
Murphy y luego se sumó al PRO. Participó de la
condonación de la deuda millonaria a la empresa Alstom.
Si bien se especializó en temas de familia recomendó
a Macri para que firme el Acta del traspaso del control y fiscalización
de los subtes.
Uno de los cargos de director titular lo ocupa el Dr. Federico
Young, ex juez, amigo de Cecilia Pando y apologista de la dictadura.
Integra la Asociación de Abogados para la Justicia y
la Concordia, entidad que defiende a represores genocidas. Nadie
sabe qué funciones cumple en SBASE. La semana pasada
se las ingenió para asistir a una audiencia pública
para defender a Roca sin haberse anotado en la lista de oradores
y generando un gran escándalo.
Como puede apreciarse el jefe de gobierno privilegia la confianza
antes que la idoneidad. Sin embargo vale la pena preguntarse:
¿éstos son los cuadros técnicos de los
que hablaba Macri?, ¿por qué no designó
a profesionales que conozcan del tema?, ¿es lo mismo
construir subtes que fabricar cerveza?, ¿qué quedó
de la eficiencia?
Mientras Macri insiste en una reunión previa con la
presidenta Cristina Kirchner como condición necesaria
para hacerse cargos de los subtes, los Newman Boys siguen manejando
la empresa pública: endeudando a la Ciudad, gastando
mucho y haciendo poco y derrochando recursos públicos
en consultoras, viajes, publicidad y propaganda. El Cardenal
Newman los cría y ellos se juntan.