Ante el desafió electoral en la ciudad de Buenos Aires

Por Raúl Isman y Jorge Muller, Foro Social de La Boca

“Nuestros sueños no caben en sus urnas” reza una pintada en las calles de Buenos Aires, que define con toda claridad el sentido juguetón y poético de sus autores. Pero también, con una mínima actitud reflexiva, surge nítidamente el contenido absolutamente inconducente del enunciado- en lo que concierne a construir políticas de masas- ya que sólo sirve para agrupar a minorías minúsculas y activistas fácilmente identificadas con la consigna. Pero no permite organizar a los verdaderos sujetos de toda transformación social: es decir las grandes masas. Por lo demás, la frase tiende a confirmar, muy a su pesar, la hegemonía del discurso dominante que se legitima en la medida en que las personas perciban falsamente que “todos los políticos son iguales y lo único que piensan es en llenarse el bolsillo”.

Por el contrario, los procesos electorales- como lo ha demostrado el reciente comicio ecuatoriano; en el que el presidente Rafael Correa logró formar una mayoría de más de tres cuartas partes del electorado a favor de su programa transformador- son escenarios decisivos en los cuales se libra la histórica y tozuda batalla desarrollada entre los pueblos de nuestro continente contra sus opresores: el imperialismo y sus aliados políticos. Sin dudas que la tarea de los ciudadanos más concientes reside en demostrar en cada caso como se muestra la contradicción y a que polo fortalecer en cada elección.

En la inminente compulsa a jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires la derecha se halla cercana a lograr un escenario similar al que casi instala en la presidencial del 2003: es decir que la segunda vuelta la dirimiesen dos candidatos a su servicio. Néstor Kirchner logró hacer naufragar hace casi cuatro años la pretensión que el ballotage lo disputaran dos esbirros del imperialismo, como Carlos S. Menem y Ricardo López Murphy. Hoy, pretenden reeditar el escenario del 2003 si consiguen que nada menos que el presupuesto y la influencia política de la reina del plata sean disputados por Mauricio Macri y Jorge Telerman. La ciudad de Buenos Aires es una de las capitales culturales de nuestra América, recientemente se engalanó para recibir al comandante Hugo Chávez, en ella reside parte del electorado culturalmente más critico y progresista del país; por lo cual sería una verdadera desgracia para la causa de los pueblos latinoamericanos si se alinea políticamente contra el proyecto presidencial y la unidad continental (corporizada en la alianza entre Chávez, Lula, Kirchner, Correa y Evo Morales en pos de un MERCOSUR de los pueblos).

El neoliberal Mauricio Macri, factotum de la continuidad de un menemismo sin Menem, empresario que representa a la derecha conservadora, intenta retornar al “paraíso perdido” de los negocios salvajes amasados a costa del infortunio popular, durante la infausta década del ´90. Ni siquiera se priva de anunciar públicamente que- en caso de ganar- se encargaría de legalizar el despojo del patrimonio público realizado en las calles de la ciudad por el club por él presidido, Boca Juniors. A pesar de la opinión de los vecinos de la zona que se manifestaron contra la apropiación indebida.

Mientras que en la coalición que apoya al actual jefe de gobierno, Jorge Telerman, se amontonan un variopinto conjunto de marionetas; en el que confluyen traidores que (contra la voluntad popular) votaron la destitución del ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra; como Helio Rebot y Florencia Polimenni. Además, se destacan falsas profetas, embusteras y mercachifles de un contrato moral, tan falaz como inexistente, como la inescrupulosa Doctora Elisa Carrió. En la discepoliana coalición convergen fuerzas políticas neoliberales en descomposición ( la UCEDE), funcionarios macristas (Juan Pablo Schiavi y Diego Gorgal) y más alimañas. Sólo existen de rescatable allí algunas fuerzas populares (como Libres del Sur y sectores del Partido Socialista) que parecen no darse cabal cuenta quién es el titiritero que maneja desde las sombras el funesto tinglado: el Arzobispo Jorge Bergoglio. Con la salida de la mayoría de las organizaciones sociales, el telermanismo se ha convertido en una fuerza de centro derecha al servicio de los grandes negocios; eso si, bendecidos por el agua bendita episcopal.

Frente a la preponderancia de la derecha en el diseño de la agenda pública, expresada en las dos candidaturas anteriores, resulta imprescindible presentar una opción seductora para el electorado refractario a las prácticas consevadoras. Por todo lo dicho, surge como única alternativa progresista la coalición entre el Frente de la Victoria y Diálogo por Buenos Aires, que postula al candidato que mejor expresa las necesidades de un gobierno popular, Daniel Filmus. El acuerdo tiene como primer postulante en una de las listas a legislador a Anibal Ibarra, injustamente depuesto por la derecha luego de la tragedia de Cromañón. Y a un nacido en cautiverio en la ESMA, Juan Cabandié, en otra de las listas. Sin dudas que se trata de una propuesta capaz de atraer al democrático electorado (que supo votar por Luis Zamora en el 2003) deseoso de cerrarle el paso a la cohorte neoliberal; que afila sus cuchillos escondida tras Macri o Telerman, bien que recitando contratos morales o besando cruces.

En los primeros días de junio quedará develada la incógnita si la ciudad de Buenos Aires se alinea con el proyecto más progresista o queda gobernada por la derecha abierta o encubierta. En este último mes de campaña, la tarea de todo militante y ciudadano conciente reside en ganar la mayor parte de sufragios posibles para evitar que el tridente neoliberal (Telerman, Macri y Carrió) se haga con el gobierno y provoque un retroceso histórico en las cuestiones educativas, de salud, medioambientales y se apropie de los espacios públicos; como coto de caza para los monopolios globalizados. Sólo se puede lograr mediante el triunfo del proyecto popular y de progreso social encarnado en la candidatura de Filmus-Heller.

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