La basura y sus connotaciones en la Administración Macri (II)

 

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El Ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Juan Pablo Piccardo, estuvo en la Legislatura para dar precisiones sobre los planes oficiales en vista de la la próxima licitación de los contratos de recolección de residuos en la Ciudad.

 

Los cartoneros en el centro de la escena

Los otrora delincuentes que robaban la basura se transforman en socios de la Ciudad y pasan a ser agentes de un extraordinario cambio cultural: la separación domiciliaria de la basura. A los cartoneros registrados por el Gobierno de la Ciudad se les otorga la misión de obtener —“puerta por puerta”— papeles, cartones, plásticos, vidrios, etc. que los vecinos de la ciudad habrán separado prolijamente de los residuos húmedos, compuestos en su mayoría por restos orgánicos, a depositar estos últimos en la vereda por los vecinos para su retiro por los camiones de las empresas concesionarias.

Si no se nota la ironía, explicitémosla en negro sobre blanco: los porteños no tienen el hábito de preocuparse por el ambiente, menos cuando se trata del ambiente del conurbano, donde se entierra la basura que producimos. La experiencia de cualquiera de nosotros indica que la inmensa mayoría de nuestros conocidos a quienes le preguntemos por sus hábitos en ese sentido dan respuestas que los ubican en las categoría de irresponsables o ignorantes.

Ahora bien, de la noche a la mañana 4000 cartoneros van a lograr convencer de que actúen de otra manera a los habitantes de alrededor de un millón de hogares (según cifras del Censo Nacional de 2001). Para ello, cada recolector tendrá que tocar timbre “puerta por puerta” en 250 hogares. en los barrios de casas bajas, de las que hay cada vez menos ¿Qué pasará con los consorcios? ¿Tocarán timbre, departamento por departamento? ¿En qué horarios? Pongamos que empiezan a las cuatro de la tarde. Ocho horas después, ¿seguirán tocando timbres? “Disculpe que la despierte señora, soy el reciclador urbano de su cuadra ¿Tiene algo para mi hoy?”.

Todo esto por 200 pesos mensuales, la suma prevista en la propuesta del ministro de Ambiente para recompensar la labor del “reciclador urbano”. ¿Cuánto más podrán conseguir los cartoneros mendigando “puerta por puerta” para redondear un salario decente con la venta al Gobierno de la Ciudad del producto recolectado?

Entretanto, ¿Qué pasará con los ladrones de basura? O sea, la vieja definición de Mauricio Macri cobrará vigencia. Los cartoneros que no estén encuadrados (con sus uniformes, contratos, cobro de los $ 200, etc.) seguirán buscando cartones, plásticos, etc. donde realmente se encuentran, es decir en las bolsas de basura que el 98% de los desaprensivos habitantes de la Ciudad seguirán sacando a la calle en un solo envoltorio. Estos informales le estarán quitando volumen a las bolsas que recogen los camiones de las empresas contratistas—las que según la propuesta de Piccardo pasan a cobrar por peso de basura recogida— constituyendose legalmente en autores de un delito.

¿Qué previsiones se han tomado para resolver estos conflictos de intereses? Analizaremos este punto en la próxima nota.

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