Las ideas desaparecieron de la Argentina

Por Hugo Sirio

Si de algo debiéramos preocuparnos los argentinos, es de la falta de nuevas ideas para solucionar viejos problemas. Como si un grupo de piqueteros del pensamiento hubiera interrumpido la conexión entre la mente productora de ideas y la mente práctica que las materializa. La sociedad argentina esta estupefacta ante una sucesión interminable de hechos dolorosos, que van desde la imbécil violencia de pobres contra pobres hasta la impudicia con que se maneja la casta política gobernante que sigue aferrada al poder del cual, parece, no tiene ninguna intención de desprenderse.

Y es grave, por que estar “estupefacto”, como bien explicó Marco Denevi hace más de 20 años en una memorable Editorial del Diario La Nación, es estar paralizado ante una situación. “Esta palabra proviene del verbo “stupere”, que, en latín, significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y, en sentido traslaticio, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera stop.” Mas claro, ya sabe que echarle. En la historia de la humanidad, la mayoría de las sociedades, por no decir todas, pasaron por momentos aciagos, complejos, turbulentos, en donde tuvieron que buscar fuerzas donde no las había para revertir una situación que parecía irreversible y, sin embargo, encontraron la salida y finalmente triunfaron.

Sobran los ejemplos, pero tal vez el más elocuente provenga de Oriente, donde Japón con dos bombas atómicas sobre sus ciudadanos, prácticamente sin riquezas naturales y aislados del mundo, resurgieron de las, literalmente, cenizas radioactivas. Konosuke Matushita, fundó su empresa (MEI) en el año 1917. Soportó la brutal depresión del año 30 con ideas brillantes. Cuando todo las compañías despedían a cientos de miles de empleados (la G.M. solamente echó a 98.000 obreros) él modificó el sistema de producción y venta y ni un solo japonés perdió su empleo en Matstushita Electronic Industries. Ideas. Ideas puestas en práctica. Luego llegó la Segunda Guerra Mundial. Cuenta en un momento muy especial de su vida que parado frente a la desolada ciudad japonesa de Nagasaki , observando el horror desparramado a diestra y siniestra por el artefacto nuclear que volatilizó a edificios y habitantes de esa ciudad, en lugar de quedarse “estupefacto”, inmovilizado, en “Stop”, diría Denevi, eligió pensar. En esa oportunidad, Matsushita se preguntó: “¿Qué nos queda a los japoneses?.

Hemos perdido una guerra, dos bombas atómicas diezmaron a nuestra población, el nivel de actividad industrial es prácticamente nulo, nuestras riquezas naturales son escasas, el ánimo de la sociedad es deplorable… ¿Qué nos queda?.” Y la respuesta afloró rápidamente en esa mente brillante: “Nuestra Inteligencia. Nuestro Conocimiento. Nuestras Ideas”. Y comenzó a pensar. En lugar de dejarse aplastar por el infortunio, Matsushita comenzó a “idear” un nuevo Japón. Otros ilustres nipones, como Soichiro Honda, colaboraron para convertir en realidad “el milagro japonés”. Los resultados están a la vista. Argentina no ha estado, ni por asomo, en una situación similar. Sin embargo la sociedad continua “estupefacta”, inmovilizada. Porque, que quede claro, el echo de participar en una manifestación, sea violenta o pacífica, no significa “movilizarse”. Solo significa “moverse” sin ton ni son. Reclamos justos que caen en el vacío. Carteles ingeniosos que dicen poco.

Y el resto de los argentinos siguiendo las manifestaciones por televisión, tal cual carrera de autos en donde, con el morbo a flor de piel, esperamos el “autazo” que provoque un accidente espectacular. En las manifestaciones esperamos ver cuando comienzan los desmanes para luego, admonitoriamente, podamos decir. “Viste, yo te dije que esto iba a pasar…”. “Premio Nóbeles” en la ciencia “del después”, tenemos solución para todo. Claro, luego de sucedido. Y las ideas siguen sin aparecer. Los piqueteros de la mente continúan cortándonos el hilo del pensamiento que es capaz de encontrar, aunque más no sea, un atisbo de solución.

Mientras, los políticos siguen buscando vericuetos verbales para explicar lo inexplicable y recorren los laberintos del poder tratando de encontrar la salida que los lleve a solucionar sus problemas personales. “Safar” para siempre y después, chau. Que se arreglen los demás. Total, la culpa siempre será “de otro”. Con gran habilidad instalaron en esta adormecida sociedad que la culpa es del FMI, de Castro, de Bush, de Europa, de la Selección que perdió, de….de….de…. Jamás será de ellos. Jamás será nuestra. Nos irritamos cuando nos critican los extranjeros, pero somos expertos analistas de la situación internacional y nos sentimos capaces de resolver los problemas del todo el mundo. Menos los nuestros. Mientras, los vivillos de siempre, de adentro y de afuera, continúan socavando al país mas rico del mundo con los ciudadanos, ya prácticamente, mas pobres del mundo.

Todavía nos falta, pero a este paso, “alcanzaremos el objetivo…” No tengan duda. En el otro extremo, aparecen los argentinos silenciosos, los que adoran a San “Notemetas”, los que miran para otro lado y que solo tienen como norte, el norte. Irse. Rajarse, Tomárselas. Chau. Los que se quedan, que se jodan. Yo, argentino, pero me voy a vivir con los yankis o a las playas del Mediterráneo. ¡Cómo amo extrañar a mi país.! ¿Y las ideas? ¿Dónde se encuentran los “tanques de pensamiento” que deberían estar forjando las ideas-fuerza para salir de este estado ya casi larvoso en que vive la sociedad argentina? ¿Qué hacen los partidos políticos, base de la vida republicana y democrática, para ofrecer las soluciones necesarias a esta inmovilizada e incrédula sociedad?. ¿Dónde están? ¿Queda alguna “idea” que tenga algo que decir…? ¿Quién nos “apretó” la tecla de “stop”?. Necesitamos urgente a alguien que “apriete” el “play”. Muy urgente, porque así, la Argentina, lamentablemente camina sin prisa, pero sin pausa, a la disolución como Nación.

Argentina es hoy un país donde se roban por dia, más autos de los que se producen o venden. Donde la escuela y la salud pública prácticamente no existen. La justicia, cuestionada. La seguridad, inexistente. El trabajo, nulo. Y, lo peor de todo, las IDEAS, desaparecidas. ¿Existirá un “Matsushita” en la Argentina?
Alguien debería prohibir este piquete mental. Porque es inviable un país en donde a nadie se le ocurre nada, donde los políticos siguen sin entender nada, y donde el tiempo, lamentablemente, se acaba.

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