LOS CHICOS NO ENTRARON A LA CASA ROSADA

Por Hugo Presman

Recorrieron ocho provincias y cuatro mil quinientos kilómetros.

Cuatrocientos chicos rescatados de la intemperie social.

Vieron un país que desconocían.

Contemplaron riquezas que ignoraban.

Son la imagen concreta y emergente de un país devastado.

En Concordia, que hace cuarenta años era la ciudad con más futuro de Entre Ríos y hoy es la de mayor desocupación del país, intentaron ingresar a las termas. Como en los noventa todo se privatizó, los concesionarios se negaron a permitirles el ingreso a esos hijos de la marginalidad y la exclusión. Esos hijos que padecen las consecuencias de un país privatizado y saqueado. A los que les vendieron el futuro antes que ellos nacieran

Una piba, que Alberto Morlachetti, el sociólogo coordinador nacional del movimiento Chicos del Pueblo, crió desde pequeña le preguntó: “¿Alberto: ¿la pobreza contamina?”

Esos chicos, tomaron la Avenida de Mayo con pancartas que decían: “No nos priven de la alegría” “Tenemos derecho a crecer sin hambre, a crecer con salud, a crecer con educación”

El cielo amenazó con descargar sus furias, pero Dios que es mudo y parece ciego y sordo solo derramó algunas gotas. Si existiera Dios, no hubiera podido evitar derramar algunas lágrimas. Los creyentes dirán que fueron esas que humedecieron el asfalto.

Cuatro mil personas ocuparon la histórica Plaza. Esa donde los argentinos intentamos una y otra vez de apropiarnos de nuestra historia, corregir su rumbo.

Uno de los chicos dijo: “Soñé con una familia. Soñé a mis padres ocupados. Soñé con una casa grande. Soñé con una habitación para mí. Soñé con un baño dentro de la casa. Con piso. Soñé con un patio grande para jugar a la pelota. Soñé con un barrio con las calles pavimentadas, con una plaza, con una cancha. Soñé con una escuela limpia a la que no se le caiga el techo. Soñé con un país digno, con un país para todos, donde los chicos puedan comer en sus casas. Soñé con un país que no tenga dueño”.

Otro chico dijo en el micrófono: “Primero queremos decirle quienes somos: somos niños, somos personas, somos humanos, somos los villeros, somos los negritos, somos la voz de los otros chicos que no pudieron marchar, somos argentinos, estamos acá para marchar por la vida, para defender nuestros derechos, para cantar, para hablar, para gritar, para explicar que juntando pedacitos de nuestros sueños vamos armar un gran rompecabezas. Nosotros los chicos del pueblo queremos decirles: ¡Basta ya al hambre! ¡El hambre es un crimen!

Alberto Morlachetti lo dejó escrito en El futuro es hoy: son nuestros niños: “Sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que condena a sus niños a las mínimas posibilidades de desarrollo es un país que se condena a si mismo. Un país sin proyecto específico para la infancia es en sentido estricto un país sin proyecto. Sin embargo el país se desangra en niños. Hay que darle cuerda a nuestra dignidad, decirle no a los accionistas de los niños descalzos. Montar en ganas: un vuelo rasante de palomas, un disparo de globos. No hay verdad más armada que la pura inocencia.”

Los diarios no le dedicaron, el 1º de julio, una sola línea a la marcha convocada. El hambre hubiera desentonado al lado de exportaciones record, una recaudación fiscal que crece mes a mes, con el incremento de la venta de automóviles y teléfonos celulares, con la venta de departamentos de super lujo en Puerto Madero, con veintitrés mil millones de dólares de reservas después de haberle abonado a los organismos internacionales cerca de trece mil millones de la impagable deuda.

Al día siguiente, Página 12 se resarció de su omisión del día anterior y le dedicó la tapa. Clarín le asignó un recuadrito en la página 49 y La Nación un espacio similar en la página 22.

Es lógico: son los accionistas de los niños descalzos.

Pero el presidente de La Nación, que dice que no descansa luchando por mejorar las condiciones de su pueblo, suspendió su anunciado viaje a Santa Cruz, para……seguir dirimiendo su lucha con Duhalde, ver quien se queda con la estructura de los intendentes sobornados con el manejo de la caja, y a partir de ahí romper o negociar desde una mejor relación de fuerza, las listas de candidatos a senadores y diputados nacionales y provinciales. Había otro encuentro impostergable: con el exitoso basquebolista Emanuel “Manu” Ginóbile.

La sombra del riojano y su cultura de abrazar a los exitosos y ser revalidados por ellos, cubrió de rojo vergonzoso a la Rosada.

Las vallas que separan a los representantes de los representados seguirán ampliándose y reforzándose.

Los chicos no fueron recibidos en la Casa de Gobierno. La indiferencia, antes que las vallas separa el hambre y la castración del presente de los chicos, de quienes tienen que solucionarlo.

La política si no sirve para cambiar las injusticias es un mero instrumento de la inequidad.

Si un padre tuviera millones de dólares en el banco y sus hijos desnutridos, merecería los más duros adjetivos.

Cuando un gobernante hace lo mismo, los accionistas de los niños descalzos dicen que es un buen administrador.

El gobernante no invita a los niños a entrar a la Casa de Gobierno de la que son sus auténticos dueños y los empresarios a través de los medios ignoran el hecho y luego lo ningunean.

¡Que maravillosa es la libertad de prensa! ¡Que vaciada es la democracia que debe proteger con vallas a los elegidos de sus electores!

La Plaza de Mayo, donde los argentinos intentamos cambiar la historia se ha quedado vacía. Ya no están los niños a los cuales hipócritamente se les asigna un futuro que no tienen.

Ahí cerca de la Pirámide de Mayo que el entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez usó de palenque han quedado los ecos de una jornada inolvidable. Presenciado por muchos menos que los que debían estar. En la Plaza que fue el escenario del 17 de Octubre y donde las Madres gastaron las suelas y el alma dando vueltas a esa misma Pirámide, hay un eco de una voz de niño que dibuja una utopía, un sueño que hará posible otros sueños. Esa que debe ser grabada en el histórico monumento: “Sueño con un país que no tenga dueño”

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