Informe de inspecciones oculares del Juez Scheibler en la causa sobre el Teatro Colón

TEATRO COLÓN: TRABAJADORES VS. GCBA

Por Máximo Parpagnoli *

Informe de los Reconocimientos Judiciales (Inspecciones oculares) llevados a cabo en el Teatro Colón, en el Centro de Exposiciones y en la Biblioteca Nacional.

Reconocimiento Judicial en el Teatro Colón

Tal como fuera anunciado, los días 28 y 29 de diciembre de 2009, se llevaron a cabo los reconocimientos judiciales ordenados por el Juez Guillermo Scheibler, en el Teatro Colón, en el Centro de Exposiciones y en la Biblioteca Nacional, respectivamente.

El lunes 28 a las 10 hs., comenzó la inspección en las instalaciones del Teatro Colón en presencia del Juez Scheibler, funcionarios y personal del Juzgado Nº 13 en lo Contencioso y Administrativo de la C.A.B.A., actores por parte de la demanda (trabajadores del Colón: Sara Tonazzi, Diana Fasoli, Pastor Mora y Máximo Parpagnoli), el Arq. Fabio Grementieri como perito de parte por la demanda, los abogados de la demanda; por parte del EATC (Ente Autárquico Teatro Colón) la Lic. Mónica Freda y el Ctdor. Lucas Figueras, abogados del EATC Dr. Bosquet y Dr. Lefler, el procurador de la C.A.B.A. Dr. Monner Sans y la asesora principal de las obras del Teatro Colón Arq. Sonia Terreno.

El recorrido comenzó por el foyer principal (entrada principal) del Colón, para pasar luego al Salón Dorado y finalmente a la Sala. Esta primera etapa duró aproximadamente una hora y media, a lo largo de la cual, la Arq. Terreno explicó al Juez los pormenores y detalles de la restauración llevada a cabo en cada uno de los lugares, las técnicas utilizadas y el resultado pretendido. En ese aspecto (todo lo referente a la restauración de lo ornamental, estucos, dorados, maderas, textiles, etc.) prefiero no abrir juicio sobre lo visto y oído, ya que al estar en presencia de un experto como lo es el Arq. Grementieri, me parece procedente que sea él quien, a través de un informe técnico, opine acerca del estado de la puesta en valor de dichos lugares. Si, voy a emitir una opinión subjetiva que, repito, no pretende ser la de un experto, sino la de quien ha trabajado durante 25 años ininterrumpidos en nuestro Primer Coliseo, fotografiando no sólo los espectáculos que se llevaban a cabo sino cada uno de los rincones de ese maravilloso edificio. Lo que vi, no me gustó. La intervención me pareció muy agresiva, la casi totalidad de los colores están cambiados y el aspecto general da la impresión de lugares nuevos. Hasta aquí lo subjetivo. Reitero que, si lo realizado está bien o mal hecho, es un veredicto que dejo a cargo del perito que estaba presente.

Entrando a lo puramente objetivo, quiero señalar en primer término los agujeros de diez centímetros de diámetro que, en número no menor a cuarenta, se encuentran diseminados por todo el techo del Salón Dorado (nave central y laterales) destinados a ser la boca de salida del nuevo sistema de refrigeración que se instalará en dicho salón. Son absolutamente visibles, y el impacto y contaminación visual que ocasionan es insoslayable. Fue el mismo Juez Scheibler, quien preguntó a Terreno si esos agujeros se disimularían en el futuro a lo que Terreno dijo que no.

Pasando luego al sector del deambulatorio de platea y palcos (pasillo de circulación que comunica por fuera toda la herradura de la sala), se pudo constatar las perforaciones practicadas en el muro histórico para realizar salidas de incendio adicionales. Hoy, dichas perforaciones ya está convertidas en puertas anti pánico. La justificación de esas salidas todavía es objeto de polémica, así también como su impacto acústico en el futuro.

En el sector de la Sala, se pudo observar el mayor avance en cuanto a la finalización de su puesta en valor. Sólo falta colocar los cortinados de los palcos y las butacas. Se pudo comprobar el cambio del piso del foso de la orquesta, sin que hubiera respuesta sobre si dicho cambio alterará o no la acústica del foso. Ha sido recuperado el sistema de nivelación del piso de la platea y se han modificado las entradas laterales al foso de la orquesta. Nuevamente dejo en manos de Grementieri, la opinión acerca de la restauración de los elementos ornamentales y decorativos de la Sala.

Acto seguido fuimos al escenario, dónde se pudo apreciar el cambio del piso del disco giratorio y constatar, según teníamos referencias, que los dos trabuquetos (puertas trampas que comunican el piso del escenario con el bajo escenario) no estaban. Según se dijo se los haría más adelante ¿Olvido? Fue en el escenario, que el Juez Scheibler preguntó a Terreno sobre el impacto de las reformas sobre la acústica. En la contestación de Terreno, se percibió el cambio ostensible del discurso que, por lo general, tiene frente a los medios de comunicación y al público que visita las obras. Terreno dijo textualmente, que los pliegos hablaban de una acústica equivalente y que ellos, los adjudicatarios, se iban a ajustar al pliego; también resaltó los conceptos de acústica objetiva y subjetiva. No fue para nada el discurso que usan, en otras ocasiones, al respecto de que acústicamente no habrá ninguna variación. Es obvio, hablar delante de un Juez no es lo mismo que hacerlo en los medios de prensa, hay que ser muy precisos y prudentes en lo que se dice. Eso fue evidente. También resulta curioso que no se encontraran presentes ninguno de los asesores y/o consultores participantes en las obras.

Luego se bajó al tercer subsuelo para ver el estado de las reformas realizadas al sector escenotécnico. Allí comprobamos que el nuevo montacoches que da al exterior sobre la calle Cerrito, está prácticamente terminado. El mismo en su parte superior invade la casi totalidad de la vereda, lo que plantea el interrogante de ¿quién o quiénes autorizaron dicha invasión, ya que la misma contraviene todos los códigos y normas de edificación urbana?

Por otro lado, a nivel de la calle, a pocos metros de la fachada del lado Viamonte, pudimos observar cuatro grandes torres de hormigón de aproximadamente 4 metros de altura y un metro de ancho, cercanas al montacoches. Estas nuevas estructuras son torres de inyección de aire (ventilación forzada), y la contaminación visual que producen es ostensible.

El nuevo montacoches, girado en su posición actual, es de mayores dimensiones que el anterior y, según sostienen los profesionales de las obras, otorgará mayor fluidez a la producción del Colón. El problema sigue siendo, tal y como lo planteáramos hace años, que cuando uno gira la vista hacia la derecha del enorme espacio generado por el giro del elevador, se encuentra con el túnel de circulación entre este espacio y el montacargas del escenario, túnel que no ha sufrido variación alguna en sus dimensiones. Esto es, porque las paredes del mismo corresponden a muro histórico y fundacional sobre el cuál descansa la fachada de la calle Cerrito. Es decir, que más allá de haber ampliado la boca de entrada, la circulación de los decorados y elementos escenográficos para acceder al escenario deberá realizarse con la misma velocidad y flujos de antaño, ya que el túnel conserva intactas sus dimensiones. Nuevamente hacemos la pregunta: ¿cuál fue el objeto de seguir con esta obra si estaba demostrada su ineficiencia a la hora de mejorar el sistema de producción del Colón?

Pasando al sector específico de los talleres de producción, se pudo constatar la desaparición del taller de escultura (tercer subsuelo), hoy ocupado por baños y camarines, y sin ubicación futura en las instalaciones de la sede histórica. Lo mismo ocurre con el taller de mecánica escénica (herrería artística), cuyo lugar será ocupado por dependencias artísticas: posiblemente sala de relax o gimnasio. Finalmente el taller de escenografía del tercer subsuelo, taller Saulo Benavente, comienza a transformarse en sala de ensayo de la ópera, sin explicar dónde, a partir de esta transformación, se llevará a cabo el intenso trabajo escenotécnico que allí se realizaba. El resto de los talleres: maquinaria y sus depósitos están sin intervención visible.

A lo largo de todo el recorrido se pudo observar que la intervención edilicia es prácticamente total. La mayoría de los pasillos por los que se circulaba registraban distintos grados de demolición, así también como los lugares y ambientes que daban a los mismos.

Luego se inspeccionó los elementos del patrimonio mueble que se encontraban en el edificio. En primer término, nos dirigimos al depósito de sastrería del primer subsuelo, donde se encuentran, en lockers metálicos cerrados, miles de piezas de vestuario de las distintas producciones llevadas a cabo en el Colón. La jefa del sector, Mirta Dufour explicó que ese depósito contenía solamente parte del patrimonio de sastrería, el resto se repartía entre el Centro de Exposiciones y alrededor de veinte containers que se hallaban en los talleres de Lavardén. A su vez, la coordinadora, de parte del ente, de los traslados patrimoniales y mudanzas, Susana Mosquera, manifestó que todos los lockers iban a ser “presurizados”, término que, luego explicó, se refería a que los mismos serían envueltos en film de plástico para evitar que, ante la posible rotura de un caño o pérdida de agua de algún hidrante contra incendios, pudiera dañarse el contenido. La reflexión que cabe es: si se envuelven en film plásticos lockers que contienen materiales textiles, con el fin de hacerlos herméticos e impermeables, pero a su vez no se prevé el mantenimiento de una temperatura constante y refrigerada del depósito donde se encuentran esos lockers, el remedio puede ser peor que la enfermedad, ya que la variación de temperatura acompañada con la falta de ventilación, puede ocasionar severos daños a las fibras naturales: algodón, lino, seda, etc. del vestuario, guardado en esas condiciones.

Acto seguido el Juez Scheibler preguntó por la biblioteca del Teatro Colón. Por primera vez en muchos meses, una autoridad del ente, la Lic. Mónica Freda, tuvo que admitir que la biblioteca del Colón había sido trasladada a containers que se encontraban en los talleres Lavardén. Quedó constancia que dicho traslado fue realizado por gente ajena al Colón, que la jefa de biblioteca, Diana Fasoli, en ningún momento fue notificada del mismo y que tampoco había hecho ningún traspaso patrimonial de los elementos bajo su custodia. Así y todo, se insistió en revisar la última locación de la biblioteca en el tercer y cuarto pisos. Allí, como mudos testigos del irregular traslado realizado en fecha incierta, se encontraban dos grandes archiveros de madera, los que tenían violentadas sus cerraduras (en algunos casos las mismas estaban arrancadas de cuajo) y en aquellos compartimientos que aún conservaban sus cerraduras, estas se hallaban con llave, pero el compartimiento había sido desfondado (arrancado su fondo) para sacar los documentos que allí se guardaban. Demás está decir, que tampoco había libros, fotos, programas, ni ninguno de los elementos del patrimonio de la biblioteca.

Por último se preguntó la ubicación sobre el mobiliario de Salón Dorado, del Salón de Bustos y el destino de las estatuas y esculturas que adornaban el foyer central (el busto de Beethoven y una escultura de Antonio Pujía) así también como la que decoraba el Salón de Bustos (El Beso). Sobre las estatuas, no se logró que se diera una locación precisa, ni un estado de preservación cierto. Hubo vagas referencias por parte de funcionarios del ente que sugerían que dichos elementos estaban a buen resguardo. Con respecto al mobiliario y demás elementos solicitados, fuimos conducidos a un sector en el segundo subsuelo denominado “el fuelle 2”. Para llegar a ese sitio, hubo que atravesar el taller de Escenografía del segundo subsuelo, dónde pudo comprobarse el maltrato proporcionado al piso de cedro de ese taller. El mismo se hallaba en sus tres cuartas partes inundado. La increíble explicación de una funcionaria del ente, Susana Mosquera, fue que: “el agua se debía al calor y a la humedad de condensación que se acumulaba en el piso”. El incómodo silencio que se produjo y las miradas que recibió la funcionaria dieron la medida exacta de lo inverosímil del comentario. Ante la reiteración del señalamiento sobre el piso mojado, por parte de Sara Tonazzi, otra funcionaria del ente, esta vez Mónica Freda, ensayó una explicación un tanto más plausible aunque certificaba una gran negligencia: “Como hace calor, la gente lo moja para refrescarse” (sic).

El denominado “fuelle 2” es en realidad parte de un depósito de utilería, pobremente adaptado como depósito de elementos muebles. De hecho, apenas entramos pudimos observar el piso con grandes charcos de agua y con zonas parcialmente inundadas. En el fuelle se comprobó la presencia de los muebles de los salones del Teatro. Los grandes sillones que se encontraban en el Salón de Bustos y en los accesos al Dorado, estaban cubiertos con film plástico y cartón corrugado, así también como otros muebles de estilo pertenecientes al mismo salón. Hasta ahí, llegaba la corrección en el guardado. Luego encontramos: banquetas tapizadas en terciopelo, muchas de ellas con brocados dorados, practicables de maquinaria (son estructuras de madera que sirven como elementos escenográficos), muebles modulares y ficheros de oficina desarmados, y las vitrinas de madera y vidrio que se utilizaban para la exposición de los instrumentos antiguos, todo ello sin protección alguna, cubierto de tierra y desparramado aleatoriamente. Descendimos un nivel y accedimos a lo que sería el “fuelle 3” (parte de un ex depósito de maquinaria). Aquí se constató que el piso del lugar también estaba mojado y con charcos de agua y, mezclados en un verdadero “cambalache” digno de Santos Discépolo, se vieron: tulipas de cristal, picos de bronces de las históricas mangueras de incendio, documentos y planos de la producción escenotécnica, maquetas, telas de tapicería y telones de maquinaria, discos de pasta, jarrones, elementos de luminotecnia, instrumentos musicales: timbales y un clave, sillas, sillones, mobiliario de oficina, gabinetes de computadoras, etc. todo ello arrumbado, sin orden ni cuidado alguno, sin cubiertas protectoras y llenos de tierra.

Según Susana Mosquera, los elementos allí “guardados” estaban a la espera de que el adjudicatario de la licitación correspondiente los retirara para restaurarlos (¿¿¿???)

Acto seguido, se confeccionó el acta judicial de lo inspeccionado. Durante la redacción de la misma se suscitó un intercambio de opiniones acerca de la responsabilidad sobre el patrimonio. Las autoridades del ente, así como las de la Procuración de la Ciudad, dejaron en claro su criterio absolutamente coincidente con el manifestado por García Caffi en la Legislatura en el mes de noviembre, de que la responsabilidad del patrimonio era de los trabajadores. Por supuesto, dejamos sentado nuestro rotundo rechazo a semejante pretensión, aclarando que los trabajadores no sólo no habíamos participado en las decisiones sobre los traslados y mudanzas, sino que existían actas ante escribano público certificando el traspaso patrimonial de los jefes técnicos hacia los miembros del directorio del EATC. Luego se leyó el acta y los presentes la firmamos con lo que concluyó el reconocimiento judicial a las instalaciones del Teatro Colón.

Reconocimiento Judicial en el Centro de Exposiciones

El día martes 29 de diciembre de 2009, a las 10 hs., se llevó a cabo el reconocimiento judicial en el centro de Exposiciones, sito en la calle Coutture 2331 de la C.A.B.A. Las personas participantes, fueron las mismas que estuvieron presentes el día anterior en el Colón, con ligeras variantes. No estuvieron: el Ctdor. Lucas Figueras, el procurador Monner Sans y en vez de la Arq. Terreno, quien realizó la recorrida fue el entonces Director Escenotécnico del EATC, Jorge Pelosi. A lo largo de todo el reconocimiento que llevó aproximadamente dos horas, los actores fuimos acompañados por trabajadores del sector escenotécnico del teatro. De igual forma que el día anterior, todo el reconocimiento fue fotografiado y registrado en video, por personal del Juzgado interviniente.

Primeramente se visitó el pabellón 1 del Centro, comenzando por el sector asignado a Utilería. Allí, el jefe de Utilería, mostró e informó al Juez sobre el patrimonio depositado en ese lugar, destacando que el mismo sólo era una parte y que el resto se encontraba en containers en los talleres Lavardén. También señaló, que el patrimonio tenía un inventario interno, realizado por el sector para posibilitar un ordenamiento mínimo, pero que en ningún momento se había llevado a cabo un inventario patrimonial oficial para su traslado y mudanza. Asimismo manifestó que algunos elementos se habían deteriorado con el traslado y, finalmente, ante una pregunta del Juez Scheibler contestó que la situación y condiciones del patrimonio de Utilería cuando estaba en el teatro, eran mucho mejores que las actuales.

Luego se pasó al sector asignado a Maquinaria en el cual se mostró la parte de patrimonio allí guardado consistente mayormente en telones, practicables de madera y otros elementos del sector y refiriendo que el sector operativo y de taller de Maquinaria se encontraba en el predio La Nube, en Chacarita. También se mostraron al Juez las precarias salas de descanso y vestuarios del personal, armados en espacios abiertos y sectorizados por chapas de terciado, elementos escenográficos, muebles de oficinas, telas, etc.

A esa altura del recorrido, un compañero trabajador del sector Utilería, Juan Carlos Monticello, manifestó espontáneamente ante el Juez, su profundo malestar ante las vergonzosas condiciones de trabajo en las que se encontraba el personal del Colón afectado al Centro de Exposiciones. Con elocuencia, Monticello hizo referencias también al maltrato constante recibido por los trabajadores, de parte de las autoridades del ente durante todo el año 2009 y remarcó especialmente: el daño físico y psíquico que dicho trato había producido sobre muchos compañeros. Al término de la exposición de Monticello, el Juez Scheibler le señaló que, si bien su presencia se debía a una causa presentada por lo patrimonial mueble e inmueble del Teatro Colón, tomaba debida cuenta de sus palabras.

El siguiente sector fue el asignado a Escenografía, donde se constató la precariedad del espacio dedicado a este taller y la falta de adecuación del mismo a la tarea desarrollada por el sector. Se pudo observar que importante documentación sobre la producción escenográfica de las obras, se encontraba en cajas de cartón apiladas en estantes, sin ninguna protección. El personal de Escenografía señaló la imposibilidad de realizar trabajos de envergadura en esa locación, debido a la falta de las condiciones mínimas: pisos adecuados para pintar y piletas para preparar las pinturas y lavar los materiales utilizados, entre otras.

Luego fuimos al sector de Tapicería en el que se pudo comprobar gran cantidad de telas y elementos de esos talleres almacenados en bolsas y dispuestos unos arriba de otros, a falta de armarios y/o estanterías adecuadas para su guardado. El jefe del taller, manifestó a su vez, lo precario de las condiciones de trabajo y señaló el deterioro producido por el traslado, a una máquina imprescindible para las tareas de la sección. También se refirió a la falta de un ordenamiento y organización coherentes durante los traslados, toda vez que él mismo, había tenido que rastrear el destino de elementos y materiales de tapicería en distintos containers. Por último hizo mención, a parte del patrimonio que se encontraba todavía en las instalaciones del Colón (ver más arriba- el fuelle).

El recorrido continuó en el pabellón 2 del Centro de Exposiciones. Se vieron los sectores asignados a depósito de: Zapatería, Peluquería y Caracterización y Sastrería. Mejor dicho, se hicieron abrir los containers que contenían el patrimonio de esos talleres. El Juez pudo comprobar que, en todos los casos, el material se encontraba estibado en cajas de cartón y al igual que en los restantes sectores escenotécnicos, no existía inventario oficial de lo guardado y que el personal de cada taller había establecido un orden interno para poder ubicar y clasificar el patrimonio de su sector. En el caso de Zapatería y de Peluquería, muchas cajas se encontraban en el piso o arriba de los containers por falta de espacio. Algunas estaban abiertas y con el material a la vista.

En la parte superior de muchos containers se pudo observar gran cantidad de elementos patrimoniales de los sectores de Prensa (afiches, revistas, programas, libros, etc.), de Diseño de Producción (maquetas), de Pintura de Trajes (chablones y elementos de serigrafía), almacenados allí por falta de espacio. En algunos casos dispuestos sin orden, apilados, con las cajas abiertas y sin ninguna protección.

Luego fue el turno del sector de Electricidad de Sala quienes explicaron al Juez las vicisitudes pasadas para dar energía eléctrica y cubrir las demandas de luz artificial a las instalaciones del Centro de Exposiciones. Este es uno de los sectores que debieron adaptar, en el Centro, dos containers como oficina y taller, respectivamente. No hace falta explayarse sobre lo inadecuado que resulta un container como lugar de trabajo. Ante la explicación suministrada al Juez sobre la instalación eléctrica, por parte del personal, Scheibler no pudo dejar de reconocer lo llevado a cabo dada la falta de medios y condiciones, no obstante señaló, dejando en claro que bajo ninguna circunstancia hacía responsable al personal interviniente, que la precariedad de partes de la instalación contravenía elementales normas de seguridad. Los trabajadores de Electricidad de Sala manifestaron que en muchas oportunidades habían manifestado esta situación a las autoridades del ente y, en síntesis, la actitud de las mismas había sido: “hacer lo que se pueda con lo que hay”.

Se recorrió a continuación el espacio asignado al guardado de elementos de Luminotecnia (reflectores y artefactos de iluminación destinados a iluminar los espectáculos), los que se hallaban directamente apoyados en el piso, sin ningún tipo de protección, ni cubierta alguna. Personal a cargo manifestó que lo allí depositado era sólo una parte, y que, como en el caso de otros talleres el resto se encontraba repartido entre el teatro y los containers de Lavardén, sin inventario oficial.

El recorrido siguió por el container-oficina del sector de Informática, donde el personal a cargo explicó al Juez los pormenores de la mudanza reiterando que, en el caso de Informática, tampoco se había confeccionado un inventario oficial, antes del traslado. Se aclaró también que el sector era uno de los sectores disueltos por García Caffi a principio de año y que, aún así, se continuaba cumpliendo con las labores habituales del sector, no sólo en el Centro de Exposiciones sino también en la Asociación Patriótica (sede de la administración) y en otras dependencias donde personal del Colón prestaba servicio.

Luego se solicitó la apertura de un container cerrado, en el que se pudieron observar libros y discos que, según las autoridades del directorio del ente, correspondían a una donación realizada por un particular, al Colón, en el mes de noviembre. No obstante, junto con estos elementos se encontraron varios cuadros pertenecientes a la Biblioteca del Colón, los que estaban rotos y en pésimo estado. En el espacio adyacente a este último container había cinco pianos, algunos cubiertos con cartón, otros con cubiertas de paño y otro sin cobertura. Levantando la cubierta de cualquiera de ellos se pudo apreciar que la madera de estos instrumentos estaba cubierta de tierra y las patas de uno de ellos, estaba rota. De allí, se pasó al espacio que está delante del “auditorio” del Centro de Exposiciones, dónde se vieron las cajas de los instrumentos musicales de las orquestas y mobiliario de oficina. Ya en el auditorio, los compañeros músicos: Pastor Mora (orquesta estable) y José Piazza (orquesta filarmónica) manifestaron al Juez, lo inadecuado del lugar como sala de ensayo, por no cumplir, el mismo con los requerimientos acústicos ni las dimensiones necesarias para tal fin. Pastor Mora, hizo también una breve reseña de lo que había sido el largo peregrinaje de lugares de ensayo de las orquestas durante el último año y medio, manifestando que el constante ir y venir de los músicos y la falta condiciones mínimas necesarias en cada una de las locaciones, habían ocasionado el deterioro y la rotura de muchos instrumentos musicales, destacando, el elevado costo económico que esta situación había producido.

A continuación, se realizo la inspección del sector de Grabación y Video. Este es un espacio que posee cuatro containers, los que funcionan como depósito de materiales, depósito de equipos, estación de edición de audio y estación de edición de video y como depósito de cintas de audio y video. El juez se mostró interesado en este último container y preguntó acerca de cuál había sido situación de ese patrimonio en el pasado, cuando estaba en el teatro. Se le informó que todo el material de archivo de audio y video, cuando estaba en el Colón, se encontraba refrigerado y a temperatura constante. Que, obviamente, la situación actual ponía en serio riesgo la integridad del archivo, ya que las variaciones de temperatura y humedad eran significativas y el material era muy susceptible a ellas. También se hizo referencia a la condición de sector disuelto y a la falta de elementos (monitores y otros) registrada durante la mudanza al Centro de Exposiciones.

El sector contiguo a Grabación y Video es el container-oficina de Fotofilmación. En él expliqué al Juez, los pormenores del traslado al Centro, la sustracción de equipos (monitores, computadoras y teclados) durante el mismo, y su correspondiente denuncia formal ante las autoridades del ente. Hice un breve resumen de las actividades que se llevaban a cabo en la sección y mostré ejemplos del archivo de casi 500.000 originales analógicos (negativos color y blanco y negro y transparencias color) guardados dentro del container, conjuntamente con numerosas carpetas de muestras en papel fotográfico, todo ello formando parte del archivo de fotografía que se lleva en forma sistemática e ininterrumpida desde el año 1967. Por otro lado, mostré los correspondientes equipos fotográficos e informáticos utilizados para desarrollar el trabajo. También aclaré, la condición de sector disuelto y la ausencia de inventario oficial del contenido del container. Por supuesto, manifesté lo inapropiado de las condiciones de guardado dentro del container del archivo fotográfico, esgrimiendo las mismas razones que habían manifestado los compañeros de Grabación y Video, con respecto al archivo de audio y video. Por último, el Juez se interesó en la presencia, dentro del container, de un servidor informático que posee todos los archivos fotográficos digitales y digitalizados desde el 2006 hasta la fecha, así también como numerosos archivos de audio y de video, ya que se trata de un servidor compartido. Le comenté que esa era otra gran preocupación ya que todo servidor tiene estrictas condiciones de temperatura de funcionamiento que, de no cumplirse, pueden dañar el servidor y los datos almacenados en él. Agregué que, en el teatro, el servidor se hallaba en una pieza destinada en exclusividad que poseía refrigeración durante las 24 hs. El Juez dijo conocer esta característica de los servidores y solicitó a quien redactaba el acta del recorrido, que consignara en la misma la presencia de un servidor.

Finalizando el recorrido en el interior del Centro se solicitó abrir un container destinado al guardado de los elementos de la sección de Diseño y Producción. En el mismo, estaban guardados sin orden: los planos de ejecución de los espectáculos, algunos en cajas, otros sueltos., carpetas con figurines, carpetas con fotografías, bocetos escenográficos, materiales de dibujo, mesas de dibujo y mobiliario de oficina.

Terminado el recorrido interno se inspeccionaron los containers depositados fuera de los pabellones, a la intemperie. Muchos de ellos presentaban óxido y herrumbre en su exterior. El juez hizo abrir prácticamente todos. El material guardado en estos containers era de diversos tipos. Se pudo observar containers con telas de tapicería, otros con material de utilería, también con vestuarios y trajes y uno con latas y tachos de pintura del sector de escenografía. En algunos se pudo constatar un fuerte olor a humedad y en todos, la temperatura interna era excesiva. Luego se pasó a los containers que están más alejados de los pabellones, en los que hay depositados elementos de Electricidad de Sala. El Juez recorrió los mismos, mientras el encargado del sector le explicaba el origen del material guardado. Así se vieron: lámparas del teatro, algunas de ellas verdaderas reliquias, junto con mobiliario de oficina, cables, conectores, paneles eléctricos y hasta una subestación que estaba prácticamente nueva , no obstante haber sido desechada por los responsables de las obras. Muchos elementos se encontraban rotos. También se hizo referencia a la sustracción de material, sobre todo bobinas de cable, durante la mudanza al Centro y también, en este caso, la condición de sector disuelto por la resolución Nº 7 del ente.

Por último, el Juez Scheibler pidió abrir un container en el que se encontró la cámara acústica de conciertos destrozada e inutilizada. Se le manifestó al Juez, que la misma estaba en perfecto estado e íntegra al cerrarse el Colón en el 2006 y que desde entonces nunca había sido utilizada.

Al lado de este container, se pudieron observar cuatro torres de iluminación que presentaban visibles marcas de herrumbre. El juez preguntó por ellas y se le explicó que las mismas eran estructuras móviles, con conectores eléctricos y la capacidad de soportar reflectores y aparatos de iluminación, que se utilizaban para crear los efectos laterales de luces en el escenario. Asimismo Scheibler, inquirió sobre el motivo de que dichos elementos se hallaran a la intemperie. Jorge Pelosi contestó que se habían sacado de un container, puesto que se necesitaba el mismo para guardar otros elementos. El Juez dijo entender la cuestión, pero reiteró a Pelosi su pregunta: ¿por qué se habían dejado a la intemperie, cuando era evidente que se estaban deteriorando? Pelosi, no respondió.

Acto seguido se confeccionó el acta correspondiente, se dio lectura a la misma y los actores la firmamos, con lo que se dio por concluido el reconocimiento judicial en el Centro de Exposiciones.

NOTA: Cabe mencionar, que durante todo el recorrido en el Centro de Exposiciones pudieron observarse diferentes objetos y elementos dispersos por todo el predio sin asignación específica a ningún sector, pero todos pertenecientes al patrimonio mueble del Teatro Colón a saber: espejos de cristal con marco y pie de madera (espejos de cuerpo entero) percheros de madera, mobiliario de oficina, paneles de madera de distintos tipos y tamaños, mesas de dibujo técnico, estructuras metálicas de varios tamaños para uso escenográfico y sillas de madera, entre otros.

Reconocimiento Judicial en la Biblioteca Nacional

El día martes 29 de diciembre de 2009, a las 13 hs., comenzó el reconocimiento judicial en el tercer subsuelo de la Biblioteca Nacional. En ese acto, los presentes éramos los mismos que asistimos al recorrido del Centro de Exposiciones, con excepción de Sara Tonazzi (actora por parte de la demanda) y el Dr. Lefler (abogado del EATC), que tuvieron que ausentarse. Como en los dos casos anteriores, todo el recorrido fue fotografiado y filmado en video por personal del juzgado interviniente.

Nos dirigimos directamente al tercer subsuelo de la Biblioteca Nacional, único lugar en ese predio donde hay elementos del patrimonio mueble del Teatro Colón. Al llegar al lugar, lo que llamó la atención fue una significativa cantidad (aproximadamente 20) dispositivos de plástico para combatir cucarachas (tipo cucatrap), dispersos en el piso y cercanos al sector que funciona como oficina del Departamento de Ceremonial del Colón, a cargo de Marcela Pearson (área disuelta y persona trasladada). Cuando le pregunté a Marcela Pearson sobre la cantidad de dispositivos contra los insectos, su respuesta fue: “Aquí, literalmente, llueven cucarachas”. La “oficina” de Pearson es sencillamente un espacio delimitado por un escritorio, una silla, un archivero metálico y algunos afiches y fotos enmarcadas del Teatro Colón. El aire se percibía viciado, sin renovación forzada pese a existir sistema de refrigeración, el cual no estaba en funcionamiento y, por las declaraciones de quienes ahí trabajan, no funciona nunca. También pudo percibirse que la temperatura era sensiblemente más elevada a la de los pisos superiores. En síntesis, el clima en ese subsuelo era húmedo, caluroso y opresivo.

Lo primero en inspeccionarse fue un sector delimitado por una jaula metálica en el que se pudieron observar elementos y mobiliario de oficina pertenecientes al sector de Administración del teatro, desparramados y con diversos grados de deterioro. También se encontraron: gabinetes de computadoras vacíos, algunas partituras musicales y documentos de administración guardados en cajas, algunas de ellas abiertas y los papeles en el piso. Conjuntamente, había cajas de cartón con discos de pasta rotos y, tirados en el piso, elementos de vestuario teatral (trajes). Todo ello muy sucio y en gran desorden. Hacia un costado de este sector estaba instalado un escritorio y un archivero de madera y, según informó el Sr. Rafael Pallares (administrativo del Colón), en ese lugar se desarrollaban las tareas de la sección de Copistería Musical del Colón (sector de Servicios Auxiliares).

A continuación, nos dirigimos hacia la zona donde, según referencias, estaban guardados los textiles de la sala (cortinados de los palcos y de los accesos a los niveles de cazuela tertulia y paraíso). Allí se pudo observar la presencia de cajas de cartón de aproximadamente un metro de largo por sesenta cm. de ancho y cincuenta cm. de altura, precintadas y con carteles de referencia indicando el número de palco, el nivel y otros datos de clasificación. En ellas, aparentemente, estaban guardados los textiles mencionados. Digo aparentemente, puesto que, a excepción de una que se hallaba abierta y vacía, el resto estaban cerradas y el Juez en ningún momento solicitó que se abrieran.

Por último, fuimos hacia otro sector delimitado por otra jaula metálica, éste profusamente iluminado con tubos fluorescentes, que albergaba todos los elementos del Archivo Musical del Colón (miles de partituras que lo conforman). El sector, de unos treinta metros de largo y unos seis de ancho, está rodeado en todo su perímetro por estanterías metálicas sin puertas, en las que estaban depositadas las partituras del Archivo, algunas envueltas en film, otras guardadas en cajas de plástico o de cartón y el resto sin cobertura. En el centro del lugar había una estantería similar a la del perímetro, de doble cuerpo, también con partituras. Se pudo observar la presencia de instrumentos musicales varios, pertenecientes al patrimonio de las orquestas del Colón y distribuidos a lo largo de todo el sector.. Sobre la salida había una improvisada oficina con un escritorio, una computadora, una fotocopiadora, una impresora y dos armarios de madera con más partituras.

No habiendo otros elementos patrimoniales del Colón allí depositados, se procedió a confeccionar el acta correspondiente, se leyó la misma y luego los presentes la firmamos, con lo que concluyeron los reconocimientos ordenados por el Juez Guillermo Scheibler.

* Empleado del Colón, uno de los cuatro trabajadores que iniciaron el amparo contra el Gobierno de la Ciudad.

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