EL HISTORIAL DEL NUEVO JEFE DE LA SEGURIDAD PORTEÑA

Según el periodista Enrique Vázquez, Álvarez fue abogado de “Nabo” Barreiro, el capitán del Ejército cuya incomparencia ante el tribunal que juzgaba los crímenes de la dictadura activó la secuencia de eventos que terminaría con la promulgación de la ley de obediencia debida. Vázquez le adjudica haber sacado al prófugo del cuartel donde estaba oculto en el baúl de su automovil. Dijo también que Álvarez llegó a la política de la mano del general Acdel Vilas, uno de los promotores de la triple A. En un programa de radio Nacional de ayer domingo, Enrique Vázquez sostuvo que siendo concejal en el partido de Morón durante la intendencia de Rousselot, Álvarez apoyó la escandalosa adjudicación de la extensión de la red cloacal a una de las empresas del grupo Macri.

‘Juanjo’ Álvarez dio sus primeros pasos políticos en los convulsionados años ‘70, militando en la derecha sindical peronista. Entre los años ‘91 y ‘93 fue el director más joven en la historia del Banco Provincia. Al igual que buena parte del elenco duhaldista, conoce el menemismo desde adentro: fue subsecretario de la Presidencia de la Nación hasta 1995, especializándose en Modernización Pública (forma elegante de definir la política de privatizaciones).

Juan José Álvarez fue intendente de Hurlingham durante dos mandatos consecutivos (1995 y 1999). Durante los mismos fue ligado a varios hechos de corrupción, y señalado por la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) como responsable de amenazas y agresiones a vecinos que protestaron por los mismos. CORREPI dijo además que durante su gestión existieron seis casos de gatillo fácil que no han sido resueltos.

Abandonó el puesto el 26 de octubre de 2001 para ocupar el de ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires designado por Carlos Ruckauff en reemplazo de Ramón Verón, quie fue separado del cargo luego de la muerte de menores ex convictos que habían denunciado malos tratos en sus lugares de detención.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, lo encontraron al frente del ministerio provincial, a cargo de la Policía Bonaerense. Durante los saqueos, el ideólogo de los operativos conjuntos de la Federal, la Bonaerense, la Gendarmería y la Prefectura, fue el responsable político de que las mismas ingresaran en los barrios cuando caía la noche disparando a mansalva y arrojando gases. A Esto se le suma que durante esos días varios testimonios recogidos por la prensa nacional dieron cuenta de sendas zonas liberadas que permitieron y avivaron los saqueos durante la jornada del 19 de diciembre. “Ustedes, si quieren darles a los comercios chicos, dénle p’adelante, basta que no se metan con los hiper”, dice el diputado provincial Luis D´Elía que le dijo el entonces ministro de Seguridad de la provincia, en el marco de los saqueos del 19 de diciembre.

Una vez caído De la Rúa, Álvarez -desde el Ministerio provincial- volvió a aportar su visión ágil y efectiva para desactivar lo que días antes había ayudado a activar. Una impresionante campaña de acción psicológica se montó durante las madrugadas del viernes 21 y sábado 22 de diciembre, con el fin de retraer el estado de efervescencia popular que habían generado los saqueos y el derrocamiento del gobierno por el pueblo. Asumido Rodríguez Saá, Álvarez fue designado para el mismo cargo pero en el gobierno nacional, por pedido expreso de Ruckauf.

Durante el efímero paso de Rodríguez Saa por la presidencia de la Nación, Álvarez fue protagonista de dos de los hechos más llamativos de aquellas históricas jornadas de diciembre que le darían el empujón final al débil Rodriguez Saa. Durante la masiva manifestación y el cacerolazó realizado el 25 de diciembre, las fuerzas policiales ya estaban al mando de Álvarez. Esa noche los manifestantes no sólo estuvieron frente a la Casa Rosada -donde la policía literalmente había desaparecido-golpeando e intentando romper la puerta de la misma, sino que además otro grupo con otra zona liberada, pudo ingresar al Congreso de La Nación, romper sus puertas y quemar varios cuadros y sillones del mismo. Luego de un tiempo las fuerzas policiales, persiguieron, detuvieron y reprimieron a miles de manifestantes, desatando una persecución que abarcó numerosas cuadras del centro porteño.

Al día siguiente Rodriguez Saa renunciaría a la presidencia desde su provincia natal y le dejaría vía libre a Eduardo Duhalde para ser elegido por la Asamblea Legislativa como el quinto presidente en menos de 10 días.

Sus antecedentes durante el Gobierno de Duhalde, la Masacre de Avellaneda

El viernes 7 de junio, menos de tres semanas antes de los crímenes de Avellaneda del 26 de ese mes, Álvarez había anunciado que el gobierno “estaba decidido a impedir” las protestas que cortaran los accesos a la ciudad. Sobre el diálogo que aquel día el funcionario mantuvo con la prensa, informó la Agencia DyN: “Cuando se le preguntó si el gobierno actuaría con mano dura para controlar los piquetes, Álvarez sostuvo que no se trata de ‘dureza o blandura, sino de una decisión política. A la Ciudad no se la puede bloquear’, y sostuvo que ‘habrá operativos conjuntos de las fuerzas de seguridad para hacer frente a este tema”.

Durante la trágica jornada, Álvarez dirigió el operativo desde su oficina, en permanente comunicación con los Jefes de la Policía Federal. Bajo sus órdenes se habían impedido, aquella misma mañana otros tres bloqueos de Puentes, y sólo faltaba evitar “a cualquier costo” el corte del Puente Pueyrredón.

El 26 de junio de 2002, más de 40 personas fueron heridas con munición de guerra en Avellaneda; allí eran asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Juan José Álvarez, desde que había asumido el cargo de secretario de Seguridad en diciembre de 2001, había impulsado el accionar conjunto de las cuatro fuerzas de represión interior, que bajo su coordinación se puso en marcha el 26 de junio.

Inmediatamente después de los asesinatos, y hasta que se conocieron públicamente las fotografías que incriminaban a la Policía, Álvarez se convirtió en vocero oficial. “Los que manifestaron son otros (respecto a los cortes anteriores). Esta vez lo han hecho de una manera absolutamente violenta e irracional. Hubo personas dentro de la manifestación que pedían el auxilio de las fuerzas policiales porque veían correr peligro su propia integridad”, sostuvo ante micrófonos, grabadores y cámaras de televisión. Durante esa conferencia y en los días siguientes, Álvarez insistió en mencionar -cada vez que pudo- la existencia de armas de fuego entre los manifestantes. No le importó que la policía no hubiera secuestrado ni una sola a pesar de las 160 detenciones y ningún efectivo hubiera sido herido por los disparos. “Se han visto agresiones con una honda, con escopetas, armas y bombas molotov”, dijo.

Las fotos obtenidas por reporteros independientes, dieron por tierra las versiones del gobierno, y las investigaciones de los mismos desocupados pudieron comprobar que tanto los muertos, como los heridos de la masacre, fueron víctimas de las balas de plomo utilizadas por las cuatro fuerzas -Prefectura, Gendarmeria, Policía Federal y policía Bonaerense- que formaron parte del operativo conjunto ideado y dirigido por la Secretaria de Inteligencia del Estado (SIDE) y por Juan José Álvarez.

En el trabajo de investigación Darío y Maxi, dignidad Piquetera , publicado en forma de libro por el MTD Aníbal Verón en el Frente Darío Santillán, se analiza la actitud de Álvarez:
“¿Sabía el secretario de Seguridad que estaba mintiendo o en su buena fe reprodujo información falsa? Como dijimos, no hubo ni hay ningún informe que certifique sus palabras. Después de ejercer como intendente de Hurlingham en el Gran Buenos Aires y como funcionario en áreas de seguridad en la provincia de Buenos Aires o en el gobierno nacional, Juan José Álvarez aprendió con precisión lo que somos los movimientos de desocupados, nuestros alcances y limitaciones. No desconocía el tema. Era consciente de que estaba mintiendo para justificar los crímenes. Tan bien conocía lo que había pasado aquel día en Avellaneda que, antes de terminar la conferencia, cometió el fallido que lo delató. Refiriéndose a la denuncia del chofer al que le incendiaron el colectivo en la avenida Mitre al 1.300, a trece cuadras del Puente y cuando ya no quedaban manifestantes, lo hizo en estos términos: ‘Como ha denunciado un chofer de colectivos, lo ha bajado del mismo personal que estaba con escopetas’. Con su acto fallido Álvarez no hizo más que confirmar lo que cualquiera que estuvo en Avellaneda aquella tarde sabía: que portando escopetas, armas de fuego, Itaka, el 26 de junio sólo hubo personal policial”.

Fuentes: www.po.org.ar/ www.causapopular.com.ar y programa de la Asociación Madres de Plaza de Mayo del domingo 23 de enero de 2005 en Radio Nacional.

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