ENTRE EL OCULTAMIENTO Y LA SATURACIÓN

Por María Rosa Gómez (*)

Los medios de comunicación tienen la capacidad de acercar a la sociedad aquello que se califica como la “realidad” y adquiere el status de información. Vale aclarar, que una cosa es “la realidad” y otra muy diferente la “realidad periodística”, selectiva dimensión simbólica en la que algunos hechos, escenarios y protagonistas se abordan hasta el hartazgo y otros no alcanzan difusión pública. A través del proceso de selección, inclusión y exclusión de contenidos los medios intervienen como actores políticos, estigmatizando o legitimando los conflictos sociales y sus actores emergentes. Las rutinas profesionales y las estrategias de producción del temario colaboran para que esta intervención protagónica de los medios en lo político no se manifieste de manera tan cruda.

Durante el último lustro, el abordaje del conflicto social por parte de las empresas periodísticas, alternó entre la saturación y el ocultamiento, instancias relacionadas con el grado de acercamiento o disputa que mantengan con el gobierno. La puesta en circulación de la información sobre la protesta social se dirime bajo parámetros que muchas veces no guardan relación con el conflicto en sí mismo, sino con el nivel de consenso o ruptura entre la clase política y las corporaciones mediáticas, instituciones que no ignoran la capacidad que tiene la información para producir ideología.

Así, la configuración de la protesta y quienes la llevan adelante son un producto concreto de la ideología de los medios puesta en acción.

El “ágora” mediática pone en funcionamiento la operación de mostrar una realidad donde aquello que se excluyó no gozará de entidad existencial para la sociedad si no la ha tenido para los medios, donde no todas las fuentes tienen la misma capacidad de llegada a la exposición pública y no todas las informaciones se sostendrán en el temario.

El retroceso de los modelos públicos de comunicación a partir de la década de los 80, provocó que las corporaciones económicas trasnacionales orientaran sus inversiones hacia la industria de los medios, área que ha demostrado ser una de las más dinámicas para la acumulación de ganancias en la etapa de mercados globalizados.

El nuevo escenario donde la globalización es soberana, es un orden mundial donde el Estado entregó el manejo económico, cultural y político de lo público a las corporaciones dueñas del control de las telecomunicaciones y la industria cultural.

El medio construye y deconstruye “a piacere” la protesta, ocultando o mostrando hasta la exasperación, exhibiendo al que reclama al lado del integrado, al lado de la oposición funcional. Los actores del conflicto, por su parte, han aprendido en el ínterin, diversas estrategias para hacer visibles sus demandas, incluso planifican sus acciones para que puedan ser difundidas en horarios centrales de los noticieros televisivos. Sin embargo, una vez que la agenda mediática le baja el pulgar de exposición a un conflicto, éste desaparece de la agenda pública, por más que abarque a amplios sectores de la sociedad. En un mundo cada vez más fragmentado y desigual, la información, entendida como un bien social inalienable, es un bien escaso, que se disputa en abierta desigualdad de condiciones entre los distintos actores políticos, entre los cuales, los medios son un sector poderoso y privilegiado (ANC-UTPBA).


(*) Periodista, secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA

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