LOS MEDIOS COMUNITARIOS Y LA INDEPENDENCIA PROFESIONAL, IDEOLÓGICA Y CULTURAL

Por Héctor López Torres *
(Especial para ANC-Utpba)— La defensa de los medios de comunicación barriales, locales y regionales independientes de los grandes multimedios nacionales ha sido constante, desde siempre, en la acción política de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba).

En el sector gráfico de esos medios, la batalla principal consistió y prosigue centrada en el fortalecimiento del periodismo comunitario frente a los monopolios que han prohijado el proceso de concentración de la propiedad y las noticias que caracteriza al periodismo actual.

Así es que, a partir de la concepción de que “no hay democracia informativa sin democracia económica”, uno de los pilares de esa política ha sido el reclamo por la distribución equitativa y transparente de los fondos públicos de la publicidad municipal, en procura de sostener su principal derecho en nuestro tiempo, es decir, su derecho a la subsistencia, en tanto los monopolios informativos no sólo omiten expresar las necesidades e intereses zonales sino que, inclusive, se instalan en muchos lugares populosos para reemplazar a los medios independientes y afianzar el influyente dominio directo de aquellos sobre la sociedad.

En la radiodifusión comunitaria, desde la aparición de miles de emisoras de FM en los ‘80, la Utpba libra una ardua batalla frente los varios intentos de falsa “normalización” del espectro radioeléctrico. Tales emisoras de baja potencia, representan una alternativa a la monopolización del aire y la pretendida subordinación de todas las frecuencia radioeléctricas al discurso dominante del Poder sobre la política, la economía y la cultura.

En esa múltiple lucha, muchos fueron los pasos dados y, hasta hoy, muchos fueron los espacios que han podido mantenerse fuera del alcance de la voracidad concentradora.

En la Ciudad de Buenos Aires, aún con las limitaciones que hemos puntualizado en otras ocasiones, decenas de medios barriales, incluidas las páginas web, reciben un porcentaje pequeño pero proporcional (entre ellos) del presupuesto publicitario oficial.

Su reglamentación, obtenida mediante una amplia movilización encabezada por la Utpba, ha permitido la preservación del periodismo comunitario a pesar de la competencia de la gran prensa nacional. Esa competencia, corporizada en todo el país a través de ediciones de supuesta índole local, no pudo ganarle al periodismo gráfico autóctono en la disputa por el público lector. Y la relación de nuestros compañeros con la gente, a través de los medios alternativos, se ha impuesto en la mayoría de las zonas.

Especialmente en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, excepto en varios casos aislados, los organismos gubernamentales no han podido cumplir sus planes de arrasamiento de las emisoras de la radiodifusión de baja potencia. Tampoco pudieron arrancarles a las cámaras legislativas una norma de penalización de aquellas que se encuentran sin la legalización oficial o amparos judiciales.

Es más: hace unos tres meses, el actual interventor en el COMFER reconoció el fracaso de dicha política represiva. En consecuencia, la resistencia, en cierta medida, se ha consolidado.

Fue en el marco de la misma política que cobrara vida numerosas organizaciones específicas de esos sectores, que se desarrollara una vasta tarea de capacitación profesional y que se crearan espacios colectivos de reflexión y acción.

Ejemplo de la magnitud, de ese campo del trabajo periodístico, se reflejó en el más importante de estos innumerables encuentros, y es el que se produjo durante el Congreso Mundial de la Comunicación realizado en 1998, donde más de 1.500 medios alternativos participaron en el análisis y diseño de un plan de acción nacional.

En síntesis, muchos miles de medios y trabajadores de prensa, en todo el país, constituyen la alternativa a la monopolización del trabajo periodístico y con ello a la concentración de la propiedad de los medios y la comunicación. Para ello ha sido necesario una lucha en las diferentes ramas de la información y por diferentes objetivos propios de cada una de ellas.

Sin embargo, la denominación de “prensa alternativa” para este tipo de medios no depende solamente, y así lo entendimos siempre, de quiénes son los propietarios y de quienes hacen el trabajo de elaborar la información.

Por eso ha sido muy pertinente que el periodista Héctor Sosa haya planteado en algunas notas recientes una pregunta crucial: “¿Algunos de estos medios no repiten estéticas y moldes similares a los de las grandes corporaciones de la comunicación?”. Y además de crucial, la pregunta es por demás oportuna en la situación que caracteriza al mundo de hoy.

Sin duda, el análisis requiere de definiciones más precisas, y de la profundización de un debate que lleve a plantear acciones concretas en el plano del mejoramiento organizativo y profesional de los trabajadores de la comunicación que desarrollan sus tareas en los miles de medios gráficos y audiovisuales regionales y zonales. El nuevo Congreso Mundial de la Comunicación, a realizarse en la Argentina este año, será un marco propicio para la consolidación de la idea surgida en el Foro Social Mundial de que “otra comunicación mejor es posible” (ANC-Utpba).


(*) Periodista. Secretario de Organización de la Utpba.

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