Triple lesbicidio en Barracas: Las consecuencias de avalar los discursos de odio y de hacer la vista gorda

(Por Melina Alderete)

El crimen se efectuó en un contexto en el que términos como “invertidos” volvieron a salir a la luz. La violencia en escalas perversas.

“Sigue sin ser el escándalo que debería ser”, sentencia la artista Paula Trama respecto del (ahora) triple lesbicidio ocurrido en Barracas y la comunidad LGBT+ del país está de acuerdo: Mataron de forma cruel y violenta a tres lesbianas en plena Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, por fuera de las paredes de la militancia y el activismo, la noticia no parece ser tal y tan solo unos pocos medios lo toman con la magnitud y la seriedad que merece.

Porque el asesinato de Pamela Cobbas, Mercedes Roxana Figueroa y Andrea Amarante no fue aislado, ni tampoco casualidad. No salió “de la nada” ni fue perpetrado por “un loquito” que no tenía nada mejor que hacer que ver a cuatro lesbianas arder. Su crimen y el ataque a la cuarta mujer, Sofía Castro Riglos, fue un claro crimen de odio. Y, tal como ocurre con los femicidios que, en nuestro país, no hacen más que recrudecerse y escalar en número, este triple lesbicidio es tan solo la punta del iceberg, la cara visible de todo un entramado de violencia sistemática hacia las personas disidentes que, muchas veces, tienen su origen en la ejecución y la difusión de los discursos de odio y la ignorancia disfrazada de “fobia”.

Así está hoy la entrada de la pensión donde Barrientos asesinó a Pamela Cobbas, Mercedes Roxana Figueroa y Andrea Amarante e hirió de gravedad a Sofía Castro Riglos.

Durante el 2023, se registraron 133 crímenes de odio en Argentina, en donde la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto discriminatorio para la vulneración de sus derechos. Del total de las personas de la comunidad disidente que han sido víctimas de este tipo de delitos, el 89% de los casos corresponden a mujeres trans; el 5% a varones gays cis y el 2% a varones trans y lesbianas.

Invertidas y empobrecidas

El caso de Barracas ha cobrado, en la actualidad, una mayor relevancia porque encarna de manera casi perfecta lo que parecieran ser todos los blancos de ataques que se han exacerbado desde la llegada del movimiento libertario al poder: Porque Pamela, Mercedes, Andrea y Sofía (quien aún se encuentra en recuperación) eran mujeres, eran lesbianas y se encontraban en una situación de vulnerabilidad socioeconómica que las llevó a convivir a las cuatro en una habitación para dos en la pensión donde Justo Fernando Barrientos les quitó la vida a sangre fría.

Según relataron vecinos del hotel familiar donde residían las víctimas, las cuatro mujeres se ganaban la vida “haciendo changas”. Algunas vendían pañuelitos, otras, cosmética y, a veces, lavaban ropa para juntar la plata y poder pasar el día. Asimismo, se dio a conocer que Andrea Amarante había sido sobreviviente de la tragedia de Cromañón y que, tal como informaron desde la Coordinadora Cromañón, nunca había recibido ayuda económica ni fue beneficiaria del Programa de Salud para víctimas de Cromañón.

El domingo 5 de mayo a las 23:30, Justo Fernando Barrientos, vecino de la pieza de al lado, se convirtió no sólo en un lesbicida que les arrebató la vida de la forma más cruel posible, dejando que las llamas las consumieran mientras dormían, sino también en la personificación de todo un discurso que tiene como enemigos principales a las mujeres, las disidencias y demás minorías. Un discurso que no fue enunciado por un solo hombre, sino que tiene sustento y aliados en las más altas cúspides del gobierno, empezando por el presidente de la Nación y sus allegados.

En diálogo con Ernesto Tenembaun y Gustavo Grabia, el escritor ultraderechista Nicolás Márquez realizó declaraciones homofóbicas y reivindicó el gobierno de Javier Milei.

Días antes del ataque a las lesbianas de Barracas, el biógrafo oficial y amigo de Milei, Nicolás Márquez brindó una entrevista a Ernesto Tenembaun y Gustavo Grabia, en donde decidió hacer un auténtico viaje en el tiempo, trayendo términos del siglo pasado, como “invertidos” para referirse a las personas homosexuales del país, quienes considera que practican “una conducta insana y autodestructiva” tan solo por ser como son.

Márquez incluso se atrevió a ir más lejos (como si el ataque a la comunidad LGBT+ con un reciclado de los 80-90 no fuera suficiente) e increpó al Estado Nacional y las medidas tomadas por los anteriores gobiernos para garantizar la igualdad y la equidad: “Cuando el Estado promueve, incentiva y financia la homosexualidad, como lo ha hecho hasta la aparición de Javier Milei en escena, está incentivando una conducta autodestructiva”, agregó.

Diversidad e inclusión: Argentina, un país modelo para el mundo

De más está decir que Argentina ha sido pionera en el mundo en lo que respecta a legislaciones por la diversidad sexual, iniciando en el 2010 con la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario (N°26.618) y la sanción en 2012 de la Ley de Identidad de Género (N°26.743) que ha cumplido doce años en vigencia la semana pasada. En el mismo año, se modificó el Código Penal incluyendo la pena de prisión perpetua a delitos de odio motivados por la “orientación sexual y la identidad de género o su expresión”.

Un año después de la normativa que permitió a miles de personas cambiar su DNI con su identidad autopercibida, se sancionaba la Ley de Reproducción Médicamente Asistida (N°26.862) que incorporó a las mujeres solteras y familias homoparentales, un pedido impulsado por la Federación Argentina LGBT.

En el 2015, el Ministerio de Salud eliminó la restricción para donar sangre según la orientación sexual, modificando la Resolución Nº865/2006, reglamentaria de la ley Nº22.990, que contemplaba un cuestionario de donación de sangre con una evidente exclusión discriminatoria de las personas gays, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales e intersexuales.

Por otra parte, uno de los logros más recientes en materia de legislación y diversidades fue el Cupo Laboral Trans aprobado en el 2021 y conocido bajo el nombre Ley N°27.636: Promoción del acceso al empleo formal “Diana Sacayán – Lohana Berkins”, una normativa que ha sido especialmente atacada bajo el gobierno libertario con los despidos en el Estado a personas trans y travestis.

En el mismo año, se publicó el decreto N°476/21 que permitía a las personas autopercibidas como no binarias utilizar la letra “X” o el símbolo “<” en el apartado del Documento Nacional de Identidad que requiere la especificación del sexo. De este modo, Argentina se convirtió en el primer país de la región en reconocer los derechos de quienes se identifican por fuera de las normas “masculino” o “femenino”, con la creación de un DNI No Binario.

Con todos estos grandes logros que ocurrieron nada más ni nada menos que en nuestro país, posicionando a la Argentina como modelo a seguir para el resto del mundo, resulta particularmente extraño que, personas como Nicolás Márquez y demás integrantes del círculo íntimo de Javier Milei, que tanto anhelan erigir a la nación como un ejemplar a imitar para los demás países, insistan en la destrucción y aniquilación total no sólo de las políticas pioneras en materia de derechos, sino también de las personas que son alcanzadas por ellos. ¿Será que acaso el problema no es el Estado ni las legislaciones, sino las comunidades orgullosas y seguras de sí mismas?

El odio se cobró la vida de tres lesbianas y afectó de gravedad a una cuarta, en un contexto en el que palabras como “maricón”, “torta” y “trava” volvieron a ser utilizadas de forma peyorativa y violenta, alejándose de la impronta reivindicativa que había comenzado a imperar en el cambio de narrativa gestado en las calles y la militancia. Hoy son Pamela, Mercedes, Andrea y Sofía. Mañana, las víctimas pueden ser otras. Y es allí donde radica el meollo de toda esta cuestión: A pesar de todo el trabajo duro efectuado en las casas, las escuelas, las Cámaras, las universidades, los trabajos, las redes y las marchas, ha vuelto a circular el miedo de ser la próxima.

Ese es el alto costo de permitir, avalar y difundir palabras que, lejos de ser vacías, están cargadas como dardos venenosos, llenos de ira y prejuicios que traen aparejados consigo oleadas de violencia y desinformación. Porque la palabra hiere, atrasa, arrasa, rompe y, transformada en acción, puede convertirse en una molotov y llegar a matar. No volvamos a encender esa mecha. Nunca más.

Fuente: AM 750

 

 

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