Cada día se lo conoce mejor

Monumento a Gardel, frente a lo que fuera el Mercado de Abasto en la época de sus comienzos artísticos

ANIVERSARIO DE LA DESAPARICIÓN DE CARLOS GARDEL

Por Julián y Osvaldo Barsky *

 

El 24 de junio de 1935 Carlos Gardel fallecía en un accidente de aviación ocurrido en Colombia. La tragedia, además de plantear el interrogante de hasta dónde habría llegado su carrera, dejó varios cabos sueltos, alrededor de los cuales comenzaron a gestarse una serie de leyendas: sobre su lugar de nacimiento, sus amores, su muerte; leyendas que se agigantaron a través de la transmisión oral y escrita, y que la prensa recoge en cada aniversario.Pero la construcción de esta mitología empobreció la verdadera dimensión humana y artística de Gardel, transformándose con los años en un objeto de culto inalcanzable: era “nuestro” Carlitos; pero al mismo tiempo, alguien que no tuvo pasado, que no trabajó para llegar hasta donde llegó, que no tuvo ni mereció un análisis.

En las últimas décadas un núcleo de investigadores ha revertido esta situación con análisis parciales o globales que permitieron conocer con mucha profundidad su notable vida y su excepcional carrera artística. Asimismo, ha habido en los últimos años otros elementos que marcan una intención de recuperar la figura del artista: la multiplicación de sitios web, los festivales producidos, y la recuperación de espacios físicos por los que Carlos Gardel supo transitar. En este sentido, probablemente la creación de la Casa Museo Carlos Gardel sea el evento más significativo.

Al cumplirse 71 años de la muerte del cantor se plantea, una vez más, el “misterio” de su perdurabilidad. No existe tal misterio. Su carrera artística, lejos de la casualidad, fue una conjunción de condiciones naturales, inteligencia y, sobre todo, trabajo. Y este último aspecto debería ser el más relevante en relación con la construcción de la identidad nacional. Es su arte, atesorado en centenares de grabaciones y una decena de películas, el que derrota en forma más contundente a su desaparición física, por encima de cualquier mito que podamos construir. La revalorización creciente de Carlos Gardel, tanto desde el punto de vista artístico como humano, ayuda a encausar las energías de un pueblo que necesita, de una vez por todas, terminar de delinear su identidad.

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