Grandes marcan de la moda siguen haciendo sus negocios con trabajo esclavo — Parte II

Grandes marcas de la moda y trabajo esclavo

Un informe de la Defensoría de la Ciudad revela la continuidad del trabajo esclavo en talleres textiles clandestinos, cuyas víctimas son costureros bolivianos indocumentados y cuyos beneficiarios en última instancia son renombradas marcas que tercerizan la confección a los talleres de explotadores del trabajo humano. (ver Parte I)

Manos de Bolivia 

Obligar a que alguien trabaje dieciséis horas diarias por un magro salario es una conducta que la ley 12.713 reprime con multa y cárcel. Por eso, semejante régimen laboral sólo es posible desde una clandestinidad preservada por fachadas de casas familiares que oculten a los talleres, por la complicidad de ciertos funcionarios y, sobre todo, por el silencio de quienes lo padecen. Difícil es encontrar a argentinos dispuestos a trabajar en tales condiciones y más lo es asegurarse que no las denuncien al sindicato, a la autoridad laboral o a la justicia.

Por eso, los talleristas clandestinos reclutan a sus costureros entre miembros de la comunidad boliviana. A los que aquí viven, los suelen convocar a través de Bolivia, el Corazón de América, un programa que Hugo Arnez Zambrana conduce por FM Latina, la emisora preferida de la audiencia boliviana en Buenos Aires. Zambrana -quien se jacta de ser un hombre solidario- también cuenta con la página www.boliviacorazon.com.ar donde los talleristas publican clasificados pidiendo overloquistas, collaretistas, rectistas y otros trabajadores duchos en el oficio de la costura. Los interesados deben contactarse a través de números telefónicos que se consignan en los avisos y que mayoritariamente pertenecen a abonados del sudoeste porteño, zona donde -según las denuncias-pululan los talleres clandestinos.

Otros costureros, en cambio, son traídos directamente desde Bolivia. Tal el caso de MFM, ex costurera de un taller de Donato Álvarez y Juan B. Justo. Según dijo, en 2004 escuchó por la paceña Radio Splendid que una señora de nombre Gloria necesitaba trabajadores costureros para la Argentina. Junto a su marido ubicó a la tal Gloria y le pidió trabajo para ambos. Nos dijo que sólo podía traerme a mí, pero prometió volver al mes siguiente a buscar a mi esposo.

Fue así que la mujer emprendió viaje con la tal Gloria y con ocho costureros más. Un bus de Expreso Tarija los llevó hasta la frontera con Argentina, donde no tuvimos ningún problema porque la señora Gloria demostró tener buenas relaciones. Allí -prosiguió-, nos esperaban dos remises que nos llevaron a un hotel. Mientras, dos personas que iban en los remises se encargaron de los trámites y, cuando debimos cruzar, ya teníamos todos los papeles hechos. Sin duda, las “buenas relaciones”de Gloria y los servicios de los influyentes de los remises facilitaron el cruce fronterizo de un contingente que no tenía todo en regla.

En su país, MFM convino que Gloria le pagaría 70 centavos por prenda confeccionada. Según sus cuentas, habiendo cosido 50 camisas diarias durante el primer mes en Buenos Aires, le debían pagar más de 800 pesos; pero -al momento de cobrar- sólo recibió 85. La patrona le explicó que, además de la comida y el alojamiento, le había descontado 65 dólares por el pasaje desde La Paz. Cuando la costurera volvió a hacer cálculos, comprobó que -en realidad- había trabajado extenuantes jornadas de dieciséis horas por apenas 3,50 pesos diarios. Como si fuera poco, Gloria había incumplido la promesa de traer a Buenos Aires a su marido. El testimonio de MFM podría ser el de cualquiera de sus connacionales que aceptan venir a trabajar en los talleres clandestinos porteños e ingresan al país en condiciones de dudosa legalidad, con promesas salariales que jamás se cumplirán y para vivir en condiciones infrahumanas.

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