¿Museo de restos humanos o patio de juegos?

placa cementerio de los disidentes
La placa conmemorativa reza: “En esta plaza estuvo ubicado el segundo cementerio de los disidentes entre 1833 y 1923”
El reciente descubrimiento de una tumba bajo la Plaza 1ro. de mayo en Alsina y Pasco —en lo que fuera un “cementerio de disidentes” (judíos y protestantes) en el siglo XIX— podría cambiar la finalidad prevista del patio de juegos en construcción para convertirlo en una “sala de interpretación histórica”. La existencia del cementerio soterrado no era desconocida por las autoridades del GCBA a cargo de las obras, que hace meses colocaron allí la placa que ilustra esta nota.El hallazgo

La Plaza 1ro. de mayo, está siendo remodelada por completo por el Gobierno de la Ciudad y pasará a ser de un lugar virtualmente abandonado a su suerte a una plaza con un atractivo y cuidadoso diseño que será protegida las 24 horas según afirma Eduardo Epszteyn, titular de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad. El lugar está a sólo seis cuadras del Congreso Nacional y frente al shopping Spinetto. Si bien las obras están prácticamente concluidas, los trabajos estuvieron paralizados durante siete meses hasta que se otorgó la licitación para construir el moderno patio de juegos. Fueron precisamente operarios de la empresa adjudicataria de este tramo final de las obras quienes descubrieron una lápida de mármol de una niña de 10 meses fallecida en 1886.

El cementerio de los disidentes

Por “disidentes” se conocieron durante el siglo XIX a quienes profesaban otras religiones, en su mayoría protestantes pertenecientes a las colectividades británica, norteamericana y alemana. El primer cementerio con esas características había sido inaugurado en 1821 en Juncal, entre Suipacha y Esmeralda. Dejó de utilizarse cuando se colmó su capacidad de 178 sepulturas en 1833, año en el que se instala el segundo cementerio de disidentes en el lugar que nos ocupa llamado por entonces “Hueco de los Olivos”. El 14 de Septiembre de 1891 se dispone la clausura definitiva de este segundo cementerio, a pesar de lo cual la última inhumación se habría realizado el 5 de noviembre de ese mismo año.

En 1915 es demolida la capilla que se encontraba sobre la calle Hipólito Irigoyen. En 1923 se concluye el traslado de los restos, aunque no se sacaron los no reclamados, que aún permanecen allí. Cabe recordar que en este cementerio tuvo su última morada la esposa del almirante Guillermo Brown, doña Elizabeth Chitti de Brown.

Habiéndose previsto ya en 1921 la construcción de una plaza en el lugar, una ordenanza del 14 de Abril de 1925 le asigna el nombre “Plaza Primero de Mayo”, por el día internacional del Trabajo que conmemora a los mártires de Chicago. Se la inaugura en esa misma fecha del año 1928. Ese 1ro. de Mayo se descubre también el Monumento al Trabajo del escultor Ernesto Soto Avendaño (1886-1969), que había obtenido el primer premio de escultura en 1921, y que fue adquirido por el Concejo Deliberante para ser ubicado en esta plaza. La obra representa a un hombre de edad madura que lleva sobre su hombro una pesada masa.

¿Por qué ahora?

“El descubrimiento arqueológico obligó a las autoridades a frenar las obras de remodelación de la plaza de Once, que está cerrada hace 7 meses: la Secretaría de Medio Ambiente le estaba cambiando la cara, con un presupuesto de $ 533.450. “Interrumpimos los trabajos para avanzar en la investigación. Si estos hallazgos lo ameritan, en lugar de un patio de juegos instalaremos un Centro de Interpretación, para respetar la memoria histórica de la plaza”, le dijo ayer a Clarín Eduardo Epsztein, secretario de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable del Gobierno porteño. (Clarín 25/02/2006).

Darle al hallazgo entidad de “descubrimiento arqueológico” es sin duda una exageración, ya que lo ubica en la misma categoría conceptual del hallazgo de la tumba de Tután Kamón. No puede haber descubrimiento más que un sentido literal de des-cubrimiento o sea revelar lo que estaba oculto. Sin embargo, lo oculto, en este caso, no es des-conocido. Se sabía de antemano que allí hay muchos restos humanos que no fueron trasladados a la Chacarita en 1923. Es probable que esté aún sepultada la esposa del Almirante Guillermo Brown, puesto que el marino y su hija Elisa tienen una tumba en la Recoleta.

Pero lo más inquietante es el tenor de los proyectos que se esbozan. “A menos de 24 horas del hallazgo, los arqueólogos convocados, Sandra Guillermo y Marcelo Wiesel, elaboraron un plan de trabajo que incluye una prospección general de la zona para determinar nuevas excavaciones, la rotulación y análisis de las piezas, la limpieza de las mismas y su posterior interpretación”.

La pregunta obvia es ¿por qué ahora? Si la existencia del cementerio era harto conocida ¿Por qué buscar tumbas enterradas después de haberse construido allí una plaza?. ¿La prospección general significa que abarcarán los aproximadamente 8000 metros cuadrados de la plaza o sólo el área de juegos?

Si la hipótesis primera es la que se llevara a cabo resulta una verdadero dislate pero si se tratara de la segunda excede la comprensión de este cronista: ¿ Qué significado reviste obtener una muestra aleatoria —por estar circunscripta a una pequeña zona— de ataúdes de personas comunes fallecidas en algunos casos hace apenas algo mas de cien años? ¿Qué aportaría a la comprensión de nuestra historia, las costumbres de la época, etc.? Y en todo caso ¿Desde donde se justifica privilegiar esa intención por sobre el destino consensuado y contratado de un patio de juegos para solaz y recreación de los chicos del barrio?

Basta con honrar la memoria

Creemos que las autoridades de la Ciudad deberían dejar descansar en paz a los muertos y construir allí el patio de juegos que necesitan los chicos de la zona. La existencia del cementerio de disidentes podría, en cambio, constituirse en una lección histórica de la intolerancia del culto oficial que impedía reposar en lugares “consagrados” a los muertos que profesaron otras religiones. Para recordarlo bastaría con expandir la sintética mención de la placa existente en el lugar y colocar de alguna manera indeleble los datos históricos conocidos que rememoren y honren a un sector de la sociedad de la época marginado por las autoridades civiles en colusión con las mandatarios de la Iglesia Católica

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