Una peligrosa sustancia se sigue utilizando para combatir los piojos

LOS HOSPITALES PÚBLICOS LA COMPRAN EN GRANDES CANTIDADES 

Por Antonio Elio Brailovsky

Como ustedes saben, hay una serie de sustancias tóxicas, llamadas “la docena sucia”. Se trata de los plaguicidas más peligrosos del mundo, para los que existen campañas internacionales para dejar de usarlos lo antes posible.

Uno de ellos es un insecticida clorado llamado lindano, más conocido por el nombre comercial gamexane (nombre de fantasía del isómero gamma del hexaclorocicloexano). El lindano es un insecticida peligroso, que se acumula en el medio ambiente y en las grasas de animales y seres humanos. Hay suficientes evidencias para considerarlo como cancerígeno.

Por esta acumulación en los tejidos, en la Argentina se lo ha ido restringiendo para distintos usos:

En Sanidad Animal, es decir, para combatir los parásitos del ganado. En 1968 se prohibió usarlo en vacas y cerdos (Decreto 2143/68) y más tarde se prohibió completamente su uso veterinario (Resolución 513/98). El motivo es que la carne de esos animales queda contaminada con este plaguicida y los mercados europeos la rechazan por este motivo.
En Sanidad Vegetal, es decir, para combatir los insectos que se comen los cultivos. También aquí se lo prohibió en tabaco porque los fumadores aspiraban nubes de gamexane (Disp. 80/71), después se lo prohibió como gorgojicida (Disp. 47/72) y finalmente se prohibió completamente su uso en vegetales (Resolución 513/98).

Como Insecticida Domisanitario, es decir, para fumigar las casas. El ANMAT, del Ministerio de Salud, prohibió el gamexane para combatir las cucharachas de las casas porque lo consideró demasiado nocivo para las personas (Resolución 7292/98).
Es lo suficientemente peligroso y su relación beneficio/riesgo es tan desfavorable que muchos países lo han prohibido completamente y se discute su posible prohibición a escala mundial.

Le queda, sin embargo, un uso importante: se lo usa para combatir los piojos en las cabezas de nuestros hijos.Las directrices oficiales de Salud recomiendan su utilización, aunque reconocen sus riesgos. Los hospitales públicos lo compran en grandes cantidades simplemente porque es barato. Es decir, que al paciente del hospital público le asestan un producto que saben que es peligroso, mientras que los que pueden pagarse los medicamentos tienen acceso a otros productos menos peligrosos.

En otras palabras, que las leyes protegen a las vacas y los cerdos porque su carne tiene un valor económico, pero permiten que los seres humanos estén sometidos a este tipo de contaminación.

Pensemos en los mecanismos perversos de la contaminación química. Por ejemplo la madre aplica lindano en la cabeza de su hijo mayor. De este modo, el insecticida penetra en el cuerpo de ambos y se fija en sus respectivas grasas. Los dos se intoxican, pero la madre tiene una defensa natural contra el lindano: lo elimina por la leche. De este modo, cuando amamanta a su hijo menor, le pasa el insecticida que absorbió cuando desinfectaba a su hijo mayor. En muchas zonas, los niveles de plaguicidas en leche materna son superiores a los que se encuentran en la leche para consumo.

Por supuesto que siempre habrá quien diga que es un riesgo inevitable.

Para desmentirlos, he estado en una reunión de la Sociedad Argentina de Pediatría donde varios profesionales revalorizaron el uso de recetas tradicionales, como untar el cabello con aceite de cocina, que tapa los orificios respiratorios de los parásitos. Después las liendres se eliminan con vinagre. La eficacia del tratamiento es la misma que con el lindano. Sólo que detrás de las recetas caseras no están los intereses de los grandes laboratorios.

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