El rechazo a la construcción indiscriminada 

El dictamen de una jueza que suspende nuevas construcciones en un sector de Caballito dio lugar durante la semana a una sucesión de acontecimientos, entre los que se destaca la suspensión por 90 días de nuevos permisos de obra. El futuro de la Ciudad depende de un nuevo Código de Desarrollo Urbano que corrija las deficiencias del actual.

Todo se aceleró cuando una jueza se hizo eco de las protestas de vecinos de Caballito por la construcción indiscriminada de torres que están cambiando la fisonomía del barrio.

Entre otras cosas, los vecinos alegaban que los servicios colapsarán porque no están preparados para atender el alto nivel de demanda de los nuevos habitantes. La jueza Alejandra Petrella, ordenó que no se proporcionen permisos de construcción en 16 manzanas de Caballito, entre Paysandú, Aranguren, Martín de Gainza y Gaona. La protesta se extiende a otros barrios destinatarios del actual del boom inmobiliario: Palermo, Belgrano, Flores, Caballito y Villa Urquiza.

La suspensión de permisos ordenada por Telerman

El lunes pasado el Jefe de Gobierno suspendió el otorgamiento de nuevos permisos de construcción para toda la Ciudad. El martes el decreto apareció en el Boletín Oficial, circunstancia necesaria para que tenga vigencia plena. “Pero los reflejos de las constructoras fueron más rápidos: —registra Sergio Kiernan en su nota “Construcción de torres: Ojalá que Telerman mienta” en edición impresa de Página 12 del sábado 18— a la vez que le armaban un corte de avenida para protestar, con obreros de casco y todo, presentaron el mismo lunes 14 pedidos de permisos para edificar torres y el martes otros 13, lo que equivale a presentar un mes entero de trámites en 48 horas. Los del lunes seguramente pasarán, porque el decreto no era formalmente válido, pero la avivada del martes puede detenerse, porque ya estaba publicado en el Boletín y valía con toda la fuerza”.Más adelante afirma: “Belgrano, en un mal día, es una muestra de lo que puede pasarnos cuando nos descontrolamos y les entregamos los puntos a los especuladores: un barrio patrimonial y hermoso, quizás el más hermoso que tuvimos, es un bosque de torres sobresaturados de coches

Las torres: paradigma del desarrollo urbano

La manera más rápida de convertir una metrópolis en una megalópolis es dejar el planeamiento urbano en manos de las empresas constructoras: tienden a maximizar ganancias construyendo en altura y con el modelo standard caja de zapatos; no les interesan la belleza de las formas y los estilos y construirán en las zonas de mayor rentabilidad. En Buenos Aires tenemos un barrio paradigmático, Belgrano, que puede mirarse como un ejemplo de lo que vendrá si en el resto de la Ciudad se operan las mismas transformaciones.

En Latinoamérica existen dos ejemplos insoslayables: ciudad de México y San Pablo, Brasil. La ciudad capital de México es una de las más contaminadas del mundo por la emisión de gases de combustión de los millones de automóviles que circulan por ella diariamente, debido a su enorme concentración urbana. San Pablo no le va en zaga. En esta ciudad hubo un barrio equiparable a Belgrano atravesado por la avda. Paulista —un equivalente brasilero de Cabildo— que supo estar bordeada de espléndidas residencias de los barones del café. “A partir de 1950 —consigna Henry Etienne en su dossier “Gigantismo metropolitano, gestión y transporte en San Pablo, Brasil“. fueron progresiva y lamentablemente sustituidas por modernas torres de bancos y oficinas: de sus aires de Campos Eliseos de principios del siglo XX, la Paulista guarda hoy en día tan sólo la función de centro bancario, el mayor del país”.

Marjorie Alessandrini en su nota “Las paradojas de Sao Paulo” para Le Nouvel Observateur observa: “Es inútil intentar abrazar a la ciudad en su totalidad, se pierden horas en periféricos y circuitos interiores. La exploración pasa a fuerza por la Avenida Paulista, comparable a los Champs Elysées. Esa vía histórica, inaugurada en 1891, antaño flanqueada por lujosas residencias construidas por los barones del café, conserva apenas una que otra villa, como la Casa das Rosas, monumento histórico y lugar de exposiciones. Hoy sus cinco kilómetros alinean rascacielos, testigos de cincuenta años de pasión arquitectónica en Brasil” .

Quien haya conocido el barrio de Belgrano hacia la década del 50 encontrará simetrías entre uno y otro caso. En los 60 comenzó un proceso gradual de transformación de las mansiones señoriales cuyos dueños las vendían para canjearlas en algunos casos por uno o más pisos en las torres que se construían para sustituirlas.

Otro ejemplo de destrucción irracional del paisaje urbano es lo que pasó en la avenida de Mayo —una de las más bellas de la ciudad por la profusión de edificios con cúpulas construidos a fines del siglo XIX y principios del XX. Sin protección del paisaje patrimonial, allí se construyeron torres que no sólo interrumpieron la línea homogénea de altura de los edificios existentes sino que son ejemplo de construcción ramplona y mercantilista. Lo peor es que la primera de esas torres fue construida por el Estado Nacional para su edificio del Instituto Nacional de Jubilados y Pensionados en Avda. de Mayo y Piedras.

¿Podrá evitarse el colapso y preservar el patrimonio urbano de la especulación inmobiliaria?

La construcción de torres donde había casas —se estima que Buenos Aires pierde una casa cada dos días— no sólo plantea el problema de la hiper concentración poblacional sino también el de la estética edilicia de la Ciudad: los edificios de propiedad horizontal afean la Ciudad que poco a poco deja de tener características propias para parecerse a cualquier otra.
Para esto último es improbable que se encuentre remedio: es una cuestión de sensibilidad artística; no porque de ella carezcan los arquitectos sino porque los edificios no se diseñan por concurso entre arquitectos, sino por decisiones de los dueños de la inversión. Pero, en cuanto al desarrollo urbano, es fácil imaginar que el dictado de un buen Código de Planeamiento Urbano ponga coto a la construcción desaforada y límites al desarrollo de áreas superpobladas en el sector norte de la Ciudad. Los legisladores porteños tienen ante sí un gran desafío: en una Ciudad que —a grandes rasgos— está partida al medio, con un Norte rico y congestionado y un Sur pobre y escasamente poblado, deberían votar un nuevo Código que remedie las asimetrías y de paso intervenga en los aspectos cualitativos del desarrollo para que los edificios del siglo XXI tengan la belleza y armonía de los que se construyeron en el siglo XIX.

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