Un proyecto intenta reactivar el escaso interés oficial en el uso urbano de la bicicleta

ANTE LA CRISIS DEL TRANSPORTE AUTOMOTOR EN LA CIUDADD

Se trata de un pedido al Ejecutivo para determinar si es factible implementar en Buenos Aires el sistema denominado “bicing”.

La bicicleta es un extraordinario medio de transporte. Ecológico, silencioso, benéfico para la salud del ciclista, barato y mucho más rápido que el transporte colectivo en las cortas distancias dentro de la ciudad. Buenos Aires, tiene un clima benigno, propicio para disfrutar la circulación en bicicleta casi todo el año.

Si se decidiera encarar un plan serio de incorporación de este singular vehículo al paisaje urbano, tendríamos una población más sana gracias al ejercicio físico y a la disminución del alto nivel de ruido actual en la ciudad. Bajaría el presupuesto de salud pública y las calles estarían en mejor estado de conservación: la bicicleta no destruye el pavimento, como lo hacen colectivos, autos y camiones.

En Buenos Aires hay carriles preferenciales para bicicletas en algunas avenidas como es el caso de Independencia, Belgrano y Corrientes. No se trata de bicisendas con demarcaciones físicas que impidan el acceso de otros vehículos, sino de meros señalamientos pintados en el piso. Como no podía ser de otra manera en una Ciudad saturada de automóviles particulares, taxis y colectivos y en la que impera la ley del más fuerte en el tránsito, los carriles para bicicletas están normalmente ocupados por vehículos en espera o estacionados, a lo largo de todo su recorrido.

Las experiencias en otros países deberían servir de guía para la toma de decisiones locales, pero hasta ahora no ha habido un interés real en la sucesivas administraciones de la Ciudad para ocuparse del tema. Desde luego es impensable esperar que a partir de diciembre cuando el ingeniero Mauricio Macri se haga cargo del Gobierno de la Ciudad, algún funcionario lo plantee. Más allá de la influencia del lobby del automóvil, que impone la agenda de la industria, la bicicleta carece de glamour y no puede competir como símbolo de status, la usan los pobres, que en el inconsciente colectivo no pueden acceder a la compra de un auto por falta de recursos.

Curiosamente tampoco en China, un país comunista de economía capitalista, le va bien a la bicicleta. China ha invertido muchísimo dinero en fábricas de automotores y sus ciudadanos han comprado autos a un ritmo vertiginoso durante los últimos años. Las calles que estaban repletas de bicicletas; ahora lo están de autos.

La bicicleta apareció en China en los últimos años de la dinastía Qing (1644-1911), y el primero en disfrutarla fue el pequeño niño emperador Pu Yi, que recorrió con el novedoso juguete los pasillos de la Ciudad Prohibida. Tal fue su éxito, que en pocos años el país se llenó de bicicletas. En las grandes ciudades chinas, automovilistas y ciclistas se acusan ahora mutuamente de ralentizar el tráfico. Pero el Gobierno ha tomado partido y ha decidido hacer imposible la vida de los usuarios de bicicletas.

La situación es diferente en algunos países europeos. Es conocido el caso de Holanda que con una población de 15 millones de habitantes tiene 12 millones de bicicletas. En varias ciudades europeas se ha implementado con éxito el sistema de “bicing” que consiste en poner a disposición del público bicicletas especialmente preparadas (por ejemplo tienen rodados macizos) para el libre traslado entre “estaciones” autorizadas.

El proyecto de “bicing”

El legislador de Autonomía con Igualdad, Pablo Failde, presentó un proyecto en la Legislatura de la Ciudad para que se estudie la factibilidad de implementar el sistema en Buenos Aires. “El ‘Bicing’ –sostiene el proyecto- es un sistema de transporte público en bicicleta que ha comenzado a implementarse con gran éxito en estos últimos años en varias ciudades europeas. En Barcelona, por poner uno de los ejemplos más recientes, su éxito está superando las expectativas provocando incluso un inesperado crecimiento del sistema”.

“La Ciudad de Buenos Aires se encuentra en un momento crítico de su desarrollo como ciudad en medio del crecimiento urbanístico que se está produciendo. Sin embargo, aun se pueden tomar las medidas adecuadas para conservar una ciudad humana y habitable”, sostiene el legislador.

“El apoyo decidido a la bicicleta es una apuesta política cuyos resultados no se ven de forma inmediata. Sin embargo, pensamos que es posible introducir medidas sensatas y de bajo coste que produzcan resultados concretos, para avanzar luego en una completa reorganización del transporte urbano. Además, este tipo de políticas colaborarían con la construcción de una nueva cultura urbana, en donde los ejes centrales sean el respeto por nuestros vecinos, la protección del medio ambiente, una mejor calidad de vida, entre otras” argumenta Faide..

Si el proyecto lograra salir de la Comisión de Transporte e ingresar al recinto y ser aprobado, el Ejecutivo teóricamente tendría que expedirse, es decir realizar un estudio que permitiera saber si es económica y técnicamente posible implementar el sistema que propone el legislador para la Ciudad. Pero, al tenor de la atención que presta el Ejecutivo a los pedidos de informe de la Legislatura, el proyecto morirá probablemente en algún cajón del escritorio de algún funcionario.

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